Es del conocimiento público que la industria restaurantera y hotelera son de las mayores afectadas durante la pandemia. De la misma manera, la industria de fiestas y banquetes en México vive actualmente condiciones en las que además de las pérdidas económicas, se imponen retos sobre la adaptación de los festejos a la nueva normalidad.

Socio antropológicamente, los sentidos de ocasión en la que las personas distinguimos las celebraciones de la vida cotidiana, han estado presentes desde el inicio de las civilizaciones. Los festejos y las celebraciones no sólo marcan ocasiones frívolas como algunos pensarían. Las funciones sociales de los festejos cumplían con los calendarios litúrgicos, pero también de la siembra y la cosecha, de la productividad y por lo tanto, de sistemas económicos y organizaciones sociales. Los festejos marcan ritos de paso que son necesarios para la vida en sociedad. En los festejos, hay simbolismos en torno a la comida que son ineludibles.

Las celebraciones, fiestas y rituales en México tienen funciones importantísimas en la sociedad. Algunos de los platillos más icónicos de nuestra cultura gastronómica nacen de esa necesidad de marcar con un símbolo especial el festejo de un nacimiento, un matrimonio, una despedida o incluso, la muerte.  La industria en torno a estas celebraciones en México es una de las más importantes a nivel mundial.  Genera importantes fuentes de empleo, además de que en tiempos anteriores a la nueva normalidad, mantenían niveles de actividad constante durante todo el año.

Además del replanteamiento económico, esta industria está obligada a reconfigurar la manera en la que otorgaban sus servicios. La agenda de eventos implica logísticas importantes en la manera en la que los dos siguientes años se desenvolverá. El personal de servicio ha tenido que ser capacitado y protegido ante los posibles contagios. La manera de preparar y presentar los alimentos de un banquete tendrá que privilegiar la inocuidad, mientras no se pierda la “forma” que es lo que distingue a estas comidas de celebración, de las comidas cotidianas. La congregación limitada de personas obligará sin duda a reconfiguraciones en los planes de costos que se reflejarán hacia el cliente. Es muy probable que en los próximos dos años, los festejos multitudinarios sean cosa del pasado. Las prioridades de la organización de un banquete, se verán reflejadas en las preferencias del consumidor pero también en lo que la industria esté dispuesta a ofrecer.

Aunque pareciera que los festejos son algo superfluo, esta época nos recuerda también la importancia de sentarse a la mesa, con una buena comida, para celebrar. La ausencia de estos elementos en los últimos meses ha generado sin duda, tensiones, estrés emocional, y añoranza de otros tiempos. Pero para la industria de banquetes y celebraciones, esto ha significado la pérdida de empleos, y la ausencia de generación de otros tantos, además de un panorama incierto sobre las nuevas configuraciones que los festejos tendrán.

Dentro de los aspectos de la vida social para los que no estábamos preparados, era a renunciar a las funciones sociales que los banquetes ejercen en nuestras vidas afectivas y relacionales. Después de meses de pandemia, identificamos en diferentes niveles cómo  aspectos, que para algunas personas resultan frívolos, ejercen una función significativa en nuestras vidas. La industria de banquetes y celebraciones, es una de las más castigadas con la pandemia en México, un país donde el festejo y la comida son la base fundadora de relaciones afectivas y laborales.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.