El regreso a clases de los niños en México, es uno de los temas más discutidos y debatidos en medio de la crisis sanitaria que enfrentamos. Más allá de la conveniencia o no de ello, y habiéndose decidido que en ciertas instancias y modalidades, los niños vuelven a las aulas presencialmente, existen diferentes factores a considerar que involucran su alimentación y estilo de vida para su bienestar.

La mayoría de padres de familia y especialistas en torno a la salud mental, coinciden en los estragos que la educación a distancia ha hecho no solamente en el aprovechamiento académico de los niños, sino en su bienestar emocional. Muchos niños han presentado síntomas de ansiedad y/o depresión, y algunos otros han mostrado problemas de sociabilidad al no poder convivir con niños de su edad. Retraso en el lenguaje y en las maneras de abstracción cognitiva, son fenómenos observados en niños a partir de que la sociabilidad con pares ha sido puesta en pausa. Sin embargo, al sopesar los riesgos de esto o de tener un contagio, muchos padres han preferido las clases a distancia.

Los momentos de sociabilidad no sólo se dan dentro del aula en la dinámica de las clases. El momento del recreo y de la sociabilidad alrededor de la lonchera, es de los espacios normativos sociales cruciales en los que los niños, alejados de los adultos de su hogar, conviven con pares para aprender las reglas de convivencia entre iguales. Respetar a los otros, compartir, respetar las reglas de convivencia, o incluso, repetir mediante el juego con la comida los roles socialmente aprendidos desde casa, son algunas de las formas en las que los niños desarrollan estas habilidades, antes subestimadas, pero ahora altamente valoradas ante la ausencia de esta convivencia durante el confinamiento.

Muchos de los niños que regresan hoy a la escuela, se enfrentan también a una readecuación en sus rutinas, no sólo de estudio, sino de alimentación, recreación y sueño. Resulta fundamental entender que no “se regresa” a la normalidad, sino que nos enfrentamos a una nueva realidad que no es la del confinamiento, pero tampoco es la vida anterior a éste. Los procesos de paciencia y tolerancia hacia lo que se vive en el regreso a clases resultan cruciales. Muchos niños en el confinamiento experimentaron una seria disminución de su actividad física, o cambios en los hábitos de alimentación. En algunos casos, esto ha resultado en un aumento de peso.  De la misma manera en la que se tenga que estar al pendiente de procesos que puedan generar ansiedad en los niños, como la manera de “resinsertarse “socialmente a convivir con otros pares, habrá que poner especial cuidado en procesos de estigmatización social, como podría suceder en el caso de los niños que han subido considerablemente de peso durante el confinamiento.

El aprovechamiento de los niños será también probablemente puesto en evidencia ante el regreso a clases presencial. Hay que tomar en cuenta que el regreso a clases que en esta nueva configuración, habrá de nueva cuenta un período de adaptación, así como el que vivimos durante el confinamiento. Por ello, especialistas aseguran que aunque los niños regresen a clase, es necesario aún un acompañamiento de los menores que también han sufrido los estragos de la pandemia en su desarrollo emocional, social y cognitivo ante la falta de la estimulación habitual.

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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