Desde hace 84 años en México el 23 de octubre se celebra el día de las Médicas y de los Médicos. La convención de sindicatos médicos confederados reunidos en Cuernavaca en 1937 eligió ese día en honor al Dr. Valentín Gómez Farías, quien durante su mandato como presidente de la República, aprobó la reforma educativa que dio origen al Establecimiento de Ciencias Médicas el 23 de octubre de 1833. En el mundo existe la tradición de celebrar anualmente a estos profesionistas, pero no todos los países lo hacen el mismo día. Por ejemplo, siete países de la región (Argentina, Bolivia, Colombia, Cuba, Guatemala, Paraguay y Uruguay) siguen la iniciativa que lanzó la Organización Panamericana de la Salud (OPS) en 1953, de celebrar el 3 de diciembre a los médicos panamericanos en homenaje al Dr. Carlos Finlay (1833-1915); médico cubano que descubrió el papel del mosquito transmisor de la fiebre amarilla. Curiosamente otros seis países: Brasil, Costa Rica, Honduras, Nicaragua, Perú y México, coinciden en homenajear a estos profesionales de la salud en el mes de octubre, pero las razones son muy diferentes.

Si bien la idea de celebrar a los médicos en México proviene de una organización gremial de la sociedad civil hace nueve décadas; la pandemia de COVID-19 provocó que en 2020 el presidente de México emitiera un decreto en el Diario Oficial de la Federación que declara el “Día del Médico” el 23 de octubre de cada año. Este decreto, dice el texto, ofrece el instrumento jurídico para rendir el merecido reconocimiento a la ardua labor de entrega a los que ejercen esta profesión.

¿Qué sí celebrar en 2021?

Primero, recordar a Valentín Gómez Farías (1781-1858). Médico de origen y político de toda la vida. Ejerció la profesión durante diez años en Aguascalientes y transformó la profesión mediante la reforma de 1833 la cual inicia la carrera de médico cirujano, formaciones profesionales que antes se realizaban por separado. El Dr. Gómez Farías es un personaje imprescindible de la historia de México. En 1868 su nombre se inscribió en letras doradas en el recinto de sesiones del Congreso de la Unión y en 1933 sus restos se trasladaron a la Rotonda de los Personajes Ilustres. Su carrera política se resume en: diputado en cinco ocasiones, senador de la República, vicepresidente y presidente interino de Antonio López de Santa Ana en cinco momentos. Su paso por la presidencia de la nación fue efímero, no acumula un año en las cinco veces, pero contundente en las acciones y reformas que realizó, por lo mismo el merecido reconocimiento como el “Padre de la Reforma”. De ideas liberales, él luchó contra el poder de la iglesia, vivió años en el exilio y estuvo preso unos meses por mantenerse firme a sus principios federalistas. Su legado es haber sido el primero en firmar la constitución de 1857 y el único mexicano que participó en la redacción de dos constituciones de México (en 1824 y 1857).

Segundo, el estudio de la medicina en México está dominado por mujeres y aunque se carece de estadísticas, es muy posible que también sean la mayoría en el mercado de trabajo. Se nota que avanzan con paso firme en ocupar los puestos directivos y de decisión en las instituciones. Según la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) http://www. anuies.mx/informacion-y-servicios/informacion-estadistica-de-educacion-superior/anuario-estadistico-de-educacion-superior la matrícula de medicina en 2020-21 era de 146 mil estudiantes (59% mujeres); ese año ingresaron a la carrera 25 mil jóvenes de los cuales 62% eras mujeres y ese año se titularon 7,568 médicas y 6,899 médicos.

¿Qué no debemos celebrar en 2021?

El mercado de trabajo recoge estadísticas sesgadas sobre médicos y médicas en México. La Secretaría de Salud reporta a las personas que están en la nómina de alguna de las instituciones públicas sin un interés por realizar un análisis demográfico (edad y sexo) y menos un ejercicio de precisión para evitar duplicidades en la cuenta. Por su parte el INEGI recoge datos del sector privado y agregando los resultados de las dos fuentes, se puede decir que en 2020 había en México alrededor de 323 mil médicos, lo que representa una razón de 2.6 por cada mil habitantes. Cifra que ofrece tres aspectos para analizar: a) insuficiente densidad, b) concentración geográfica desigual, y c) desbalance entre médicos generales y especialistas. Además, están ocultas las deficientes condiciones de trabajo, los bajos salarios en el sector público, los nulos incentivos económicos y el subempleo o desempleo médico que no podemos documentar fácilmente.

a) La densidad de personal médico en México es insuficiente pues los estándares internacionales reclaman más médicos por habitante. Se sabe que más médicos no es igual a mejor salud, pero también se sabe que la falta de personal capacitado afecta directamente el buen desempeño de las instituciones y en consecuencia el cuidado a la salud de la población. Más bien, la pregunta que hay que contestar es ¿cuál es la cifra que se debe tener para alcanzar la cobertura universal en salud que se pretende?

b) La distribución del personal médico en el país es desigual. En cuatro estados (CDMX, Estado de México, Jalisco y Nuevo León) concentran 39% del personal, en contraste con 22 estados que suman una cantidad similar. La diferencia es que en los primeros cuatro habita 32% de la población y en el segundo bloque 42%. En otras palabras, por cada profesional médico en la CDMX hay 200 personas y en Chiapas hay 667. La oportunidad de conseguir un médico es 3.3 veces más fácil para alguien que vive en la CDMX que para alguien que vive en Chiapas, aunque es posible que esta desigualdad se repita al interior del estado, si comparamos Tuxtla Gutiérrez con otros municipios.

c) En México de cada cuatro médicas, o médicos, tres son especialistas y uno no lo es. Sin embargo, en Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Tabasco la relación es 1:1. En cambio, en Aguascalientes, Jalisco, San Luis Potosí y CDMX por cada médico general hay cinco o seis especialistas. El extremo es Nuevo León que concentra 20% de los médicos especialistas del sector privado que hay en el país y por lo mismo por cada médico general hay 15 especialistas en el estado.

El Covid-19 ha sido en general la prueba más difícil para los recursos humanos en salud, pero particularmente para el personal médico. Según las estadísticas de la Dirección General de Epidemiología, carentes de denominador y de positivos asintomáticos, nos dicen que en un lapso de 21 meses se han acumulado entre médicos 71,880 casos sintomáticos positivos de los cuales 2,018 han fallecido. El riesgo de morir si es un caso positivo es 3.6 veces más alto en personal médico, en relación con el personal de enfermería. Algunos pueden pensar que esto sucede a los médicos porque acumulan factores de riesgo metabólicos, pero debería considerarse seriamente la forma de usar y la disponibilidad del equipo de protección personal (EPP).

Algunos estudios han sugerido que los trabajadores de la salud tienen diez veces más probabilidades de infectarse con Covid-19 en comparación con el público, y que las infecciones graves, y potencialmente mortales, son siete veces más probables entre los trabajadores de la salud. Aparte del imperativo moral de proteger a quienes arriesgan sus vidas para cuidarnos, existe un argumento práctico convincente. Si los trabajadores de la salud están infectados, los establecimientos de salud se convierten en lugares de super-propagación. Por esa razón, aunque lejos de ser glamubasrrosos, las máscaras, guantes y delantales son herramientas vitales para responder al Covid-19, salvar vidas y hacernos más seguros de futuras amenazas de enfermedades infecciosas. Entonces, cuando invertimos y actuamos en vacunas, tratamientos y pruebas, también debemos invertir y actuar en EPP.

Es muy recomendable para el personal de salud y para las autoridades encargadas que revisen la iniciativa "Repensar el EPP". Esta propuesta establece que la transformación del ecosistema de EPP requerirá cinco tipos de actividades:

  • Catalizar la innovación de EPP;
  • Mejorar los estándares de calidad de los EPP; 
  • Ampliar y diversificar la capacidad de fabricación regional;
  • Fortalecer las prácticas de adquisiciones y
  • Optimizar la utilización y eliminación segura.

Si se empieza con revisar estas acciones e implementarlas, se marcaría una gran diferencia en nuestra capacidad para proteger a los trabajadores de la salud en México.

Aprovecho este texto para felicitar sinceramente a mis colegas de profesión y para ofrecer mis condolencias a todas las familias que perdieron un familiar por la pandemia de COVID19 entre 2020 y 2021.

*El autor es egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, generación 1973-1978.

@DrRafaelLozano