(Primera parte de tres)

En México existe una muy baja cultura financiera y de inversiones. Por ello, menos de 0.5% de la población invierte parte de su dinero en el mercado bursátil, lo cual contrasta significativamente con países desarrollados, como Estados Unidos y algunos países europeos, donde más de la mitad de la población lo hace.

En esos lugares se sabe que invertir en las principales empresas del mundo es fundamental para el crecimiento del patrimonio en el largo plazo. Aquí se considera una inversión altamente especulativa y sumamente riesgosa. Hay muchísimos mitos urbanos en torno a ello, pero también historias reales de personas que perdieron parte de su dinero en el mercado de valores, porque metieron sin entender cómo funciona.

Todos sabemos que a través de la Bolsa se compran y venden acciones de empresas que están listadas en ella. Suelen ser empresas medianas y grandes, como por ejemplo Cemex, Bimbo, Vitro, Alfa, Femsa, América Móvil, Banorte, entre tantas otras. Pero también hay muchísimas empresas globales que cotizan en los mercados de sus respectivos países, a las que tenemos acceso desde México, como, por ejemplo, Apple, Starbucks, Volkswagen, Netflix, Facebook, Google, Coca Cola, Pfizer y literalmente miles de compañías que han logrado, de una u otra manera, cambiar el mundo.

Todas las empresas tienen algo en común: buscan crecer y ganar más dinero. Porque no están solas: si no lo hacen ellas, lo hará la competencia y les comerá el mercado. Entonces, aun cuando puedan tener una misión social importante, al final tienen que permanecer relevantes. Además, sus dueños necesitan recibir utilidades, de lo contrario se llevarían su dinero a otro lado.

Claramente, es una batalla en la cual algunas ganan y otras pierden. Unas crecen y otras se hacen más chicas. Además de que la economía es cíclica: hay momentos en los cuales las empresas automotrices venden más, porque la gente tiene más dinero para comprar coches, mientras que las energéticas sufren. Por dar un ejemplo.

Hay empresas representativas de su sector y son dominantes. Otras son más pequeñas, pero con ideas innovadoras que pueden generar un cambio importante en los hábitos de consumo de la sociedad. A medida que ellas crecen, la economía avanza: se generan más empleos, se pagan mayores impuestos que sirven para impulsar el desarrollo de los países.

¿No te gustaría ser parte de estas historias y ser dueño de algunas de estas empresas? Comprar acciones de una empresa es precisamente eso: estás adquiriendo un pedacito de la misma.

Algunas empresas reparten parte de las utilidades que generan a sus accionistas; es decir, entregan dividendos. Otras deciden reinvertir sus ganancias en el propio negocio, para financiar el crecimiento. En cualquiera de los casos, a los accionistas de alguna u otra manera les va según le vaya a la empresa. Si ésta se hace más grande y esto se traduce en mayores utilidades, desde luego que sus acciones serán más valiosas. Si sucede lo contrario —puede suceder—, habrá sido entonces una mala inversión.

Esto se puede ver con el tiempo, recuerda que Roma no se construyó en un día. Son inversiones con horizonte de largo plazo.

Lo que es un hecho es que la gente pone negocios porque espera ganar más que dejando su dinero en el banco o en inversiones que pagan una tasa fija, la cual muchas veces es incluso por debajo de la inflación (por lo cual, en lugar de ganar, ese dinero pierde poder adquisitivo con el tiempo).

Entonces, para poder generar un crecimiento significativo de nuestro patrimonio en el tiempo (largo plazo), necesitamos invertir parte de nuestro dinero en cosas que produzcan valor.

Esto es lo que la gente que vive en países desarrollados ha entendido desde hace muchos años y por ello un alto porcentaje de su población, de todos los segmentos, lo pone en práctica.

¿Te parece arriesgado? El riesgo, recuerda, es una variable que se puede controlar a través de la diversificación. Porque no vamos a invertir todo nuestro dinero en acciones, ni tampoco en una misma empresa. Nunca es todo o nada.

Pero empecemos por el principio. ¿Qué es y cómo funciona la Bolsa? ¿Por qué los precios se mueven todos los días? De esto y más hablaremos en nuestra siguiente entrega.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com