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Mucho ruido y pocas nueces
La Cumbre debe verse como el principio del fin y no como el fin mismo. La que sigue será en NY en septiembre .
LONDRES. Una densa niebla cubrió la capital de la Pérfida Albión ayer, presagio de que la luz de la concordia tendría dificultades para filtrarse a las mentes de los líderes reunidos para pretendidamente salvar al mundo.
Para los fans de la mitología griega, la Cumbre del G-20+2 recordó a Sísifo, rey de Corinto e hijo de Eolo, y quien por pasarse de astuto fue castigado por los dioses con la ceguera y destinado por siempre a empujar cuesta arriba una pesada roca, que al llegar a la cima rueda cuesta abajo, y así ad infinitum.
Las inacabables tribulaciones de Sísifo pueden ser vistas como una metáfora de varias cosas, desde los esfuerzos por sanear a los bancos, hasta los intentos de los líderes globales por alcanzar acuerdos que pongan fin al dolor de la crisis.
Barack Obama fue la estrella de rock de la Cumbre. Nos tuvo esperando una hora, y ni quien chistara.
Predeciblemente, el comunicado de la Cumbre es todo concordia y felicidad, todo unidad y jalar parejo. Pero no existe un comunicado que por sí solo sea capaz de hacer que una crisis así se desvanezca.
La Cumbre de Londres debe verse como el principio del fin y no como el fin mismo. La que sigue será en Nueva York en septiembre.
Antes y durante la Cumbre se discutieron hasta la saciedad los trillados temas de estímulos, regulación, remuneración ejecutiva y paraísos fiscales.
Pero si usted se da cuenta, nunca se discutió, por la sencilla razón de que no existe un consenso, el delicado tema de cómo hacer para disponer de los activos tóxicos de los bancos, que es lo que impide una auténtica reactivación del crédito.
A juzgar por el brinco que registraron ayer las bolsas en todo el mundo, hay esperanzas de que la Cumbre resulte en el principio de la recuperación. Pero cuando hay una buena nueva, al día siguiente hay otra mala. Por ejemplo, hace un año el FMI predijo que las pérdidas bancarias globales llegarían a 1 millón de millones (billón) de dólares. En enero, elevó su estimado a 2.2 billones. Ayer, su titular, Domique Strauss-Kahn, reconoció que podrían ascender a 3 billones.
Así, ad infinitum.
En los inmensos pasillos del Centro Excel, sede de la cumbre, causó revuelo el anuncio del secretario de Hacienda, Agustín Carstens, de que México accederá a un crédito del FMI por 47,000 millones de dólares.
Por más que Carstens insiste en que no se usarán los recursos, mas que como un colchón para generar confianza y estabilidad, resultó difícil de justificar el costo de tener los fondos disponibles aunque no se usen, y entender cómo 47,000 millones darían más confianza que los 80,000 millones de las reservas más los 30,000 millones del fondo de contingencia que el país tiene con la Reserva Federal de Washington, sin caer en un endeudamiento innecesario.
rmena@eleconomista.com.mx
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