Según pensadores clásicos, como James Buchanan, es necesario, para el futuro de la libertad, salvar el alma del liberalismo clásico. Aunque parecería que satisfacer esto representa una aspiración heroica. Las propuestas de salvación que ofrecen alternativas estatistas o socialistas son más románticas y utópicas que las opciones de sentido común con presunción en favor de la libertad.

En las palabras de Bill Emmott, antes editor del semanario The Economist, un liberal debe respetar la humildad ante el conocimiento y reconocer que el mayor peligro para nosotros es que uno pueda acumular el poder político necesario para implementar una propuesta de salvación o una solución total ante los problemas que enfrenta la sociedad. Emmott captura un aspecto fundamental de la postura defensiva de la práctica de mantener la conversación abierta, la cacería de farsantes que emiten falsos llamados a conquistar la verdad de las cosas.

Así visto, el oficio liberal exhibe la extrema cautela de cuidar que no se reúnan las condiciones políticas donde agentes de autoritarismo iluminado obtengan acceso al poder. La crítica constructiva es, asimismo, fundamental para el ejercicio de esta cautela en la vida pública. Es este espíritu que permite resistir tentaciones de redención instantánea, de esa vanidad que busca terminar el proceso de diálogo entre nosotros y otros, entre pasado y presente, con la historia de las ideas.

El concepto de conversación ha adquirido un lugar prominente en el vocabulario liberal, en virtud de las contribuciones del gran anti-racionalista, Michael Oakeshott. En la tradición oral de la conversación civilizada no existen voces con una autoridad predeterminada en el intercambio de ideas. El objetivo de la conversación no es científico (en el sentido de descubrir la verdad absoluta de las cosas). La finalidad de conversar es conversar. Por ello, los políticos que anuncian que ellos hablan con la verdad resultan ser las criaturas más peligrosas en una sociedad abierta al suponer, precisamente, que disfrutan de acceso privilegiado a la realidad o de contar con conocimientos sobre la sociedad que los separan de todos los demás.

Por ello, los profetas de la verdad tienden a perfeccionar el arte de la guillotina como mecanismo efectivo para anular diferencias de opinión. En el esquema conceptual liberal siempre habrá diferencias, incluso, diferencias que son fuente de fuertes disgustos. Pero respetamos esos desacuerdos y aprendemos a vivir con ellos, en forma civilizada, apegados a valores de libertad y responsabilidad.

Más en mi próxima colaboración.

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