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Opinión

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Migración y desastres

Sergio Mota Marín

La migración centroamericana que pasa por México y se dirige hacia Estados Unidos se ha elevado sustancialmente. En los primeros cuatro meses de este año la detención de migrantes en la frontera de EU fue de 776,000 personas. Un año antes había sido de 531,000. El incremento es de 46 por ciento.

La migración ofrece desesperación, vulnerabilidades y depresión. También crimen organizado. En Ucrania, un país de 44 millones de habitantes, han salido por la invasión rusa 7 millones de personas como refugiados y se calcula que 12 millones se han desplazado internamente. Total, el 43% de la población del país. El futuro es una incógnita. Si la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que fue creada después de la Segunda Guerra Mundial para lograr la paz mundial, no ha podido detener la guerra, la población se hunde en el miedo y en el duelo.

Quedan para la frustración las imágenes de horror creadas por la destrucción bélica y la huida de su población. Ucrania es un país mutilado que ofrece el entorno apropiado para observar la catástrofe; 11,000 crímenes de guerra lo confirman.

Para la población que emigra su deseo es llegar a un lugar que le permita vivir. Otros caminos están cerrados. Después del fracaso de los países llamados socialistas de crear un sistema que acabara con la desigualdad y la pobreza, involucrarse en una revolución es un anacronismo. Bertrand de Jouvenel lo decía con claridad: "Las revoluciones o sirven para concentrar el poder o no sirven para nada".

La crisis migratoria mexicana y la centroamericana choca con la resistencia de Estados Unidos –país receptor de población migrante– de lograr una reforma migratoria. Hay muy buenas intenciones, pero se hace poco. A ello hay que agregar la actitud xenofóbica de una parte de la sociedad y de grupos de poder político en Estados Unidos.

En este año se observa que la migración ilegal de mexicanos hacia Estados Unidos pasó de 213,000 personas en el periodo enero-abril del año pasado a 302,000 personas en igual periodo en este año. Esto es, 42% de incremento.

De tal manera, la migración centroamericana que pasa por México y se dirige hacia Estados Unidos se ha elevado sustancialmente. En los primeros cuatro meses de este año la detención de migrantes en la frontera de Estados Unidos fue de 776,000 personas. Un año antes había sido de 531,000. El incremento es de 46 por ciento.

Si sumamos la emigración irregular de mexicanos y centroamericanos hacia Estados Unidos en cuatro meses, excede el millón de personas.

Hay otra nueva corriente migratoria de Sudamérica y el Caribe. Así, mientras que en el primer trimestre del 2021 llegaron 294 cubanos, en el mismo periodo de este año fueron 12,000. Los venezolanos, por su parte, pasaron de 41 en el primer trimestre de 2021 a 4,728 en igual periodo en este año. Y los emigrantes de Colombia fueron 117 en el 2021 y 6,845 en este año.

La cuestión más importante para el país expulsor de población es realizar una atracción de inversiones que permitan retener a la población. Asimismo superar los altos niveles de pobreza e inseguridad, así como ofrecer servicios sociales, principalmente salud y educación, los más importantes de la inversión en capital humano.

La experiencia que ahora observamos con la administración de la migración ucraniana es útil. Los países europeos resolvieron cuotas de absorción de migrantes, un paracaídas temporal asociado a los empleos disponibles.

smota@eleconomista.com.mx

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Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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