La pandemia por la Covid-19 nos ha obligado a enfrentar problemas que no conocíamos y a adaptarnos a lo que implica una nueva realidad. En el ámbito profesional, seguramente el gobierno ha enfrentado retos en las distintas dependencias que lo conforman, asociados, por ejemplo, al hecho de que una parte de su personal tiene dificultades para realizar sus tareas desde casa (choferes, mensajeros, secretarias, entre otros). En el sector privado, las empresas han enfrentado problemas que dependen, en gran medida, de su giro y sector al que pertenecen (formal o informal). Por su parte, en el mundo de los think tanks o centros de pensamiento, los retos se perciben de forma generalizada, con algunas diferencias que se pueden atribuir al país en donde se ubique la organización, su tamaño o principales áreas de investigación.

Uno de los desafíos que comparten los think tanks en los países en donde la crisis económica ha sido más aguda, se relaciona con la posibilidad de enfrentar reducciones en el financiamiento. En este tipo de organizaciones, los recursos suelen provenir principalmente de los sectores público, privado (empresas), financiadoras internacionales o bien de gobiernos extranjeros a través de sus agencias de cooperación internacional. El peso que representa cada tipo de fuente puede variar de organización en organización. Lo que es cierto es que la crisis económica ha afectado a todo el mundo y que para varios think tanks, ello seguramente se traducirá en mayores presiones económicas.

Además, no es noticia que para los gobiernos (nacionales y extranjeros), empresas y financiadoras internacionales, las prioridades han cambiado y los recursos se han concentrado en aliviar primordialmente los problemas de salud y sus consecuencias. Ello genera una oportunidad para que las organizaciones justifiquen por qué, en esta coyuntura, sigue siendo primordial financiar el tipo de análisis que realizan. Por ejemplo, el trabajo de los think tanks es fundamental en el desarrollo de escenarios y alternativas para que se logre una recuperación más justa y sostenible en el mundo. En este sentido, la disminución de las fuentes tradicionales de financiamiento debe propiciar una nueva búsqueda y diversificación de las mismas, lo que puede significar una estrategia deseable en el mediano y largo plazo.

Hasta antes de la pandemia, el contacto con diferentes tipos de actores (stakeholders) era un insumo fundamental para realizar adecuadamente el trabajo de los think tanks. Las entrevistas cara a cara se ocupan para complementar los análisis, así como los reportajes periodísticos en aquellos think tanks que los realizan. De igual forma, era costumbre hacer una serie de eventos para el lanzamiento de publicaciones e iniciativas, mesas redondas para fomentar la discusión de temas, reuniones para construir alianzas y redes, entre otras.

La pandemia eliminó la posibilidad de llevar a cabo las actividades antes mencionadas en el formato tradicional y dio pie a que los eventos se hicieran virtualmente. Si bien el cierre de la mayoría de las oficinas dificultó el concretar las entrevistas y por ende generó algunos retrasos en los proyectos que las requerían como insumo, es cierto que se aprendió que los formatos virtuales implican ventajas que no se habían explotado con anterioridad. Algunas de ellas se relacionan con la posibilidad de abrir la convocatoria a los eventos a un número mayor de personas, sin que ello implique un costo adicional. Asimismo, estos eventos permiten invitar a expertos internacionales en distintas temáticas, a los que hubiera sido difícil acceder de otra forma.

Otro desafío se relaciona con la dificultad de mantener un equipo comprometido y con sentido de pertenencia hacia la organización en un esquema de trabajo en casa. Sin duda, a pesar de que se han identificado una serie de ventajas asociadas al formato virtual, es cierto que este tiene sus límites cuando se trata de nutrir el capital social y las relaciones informales. El uso y abuso de las reuniones virtuales hacen poco atractiva la organización de actividades de integración mediante este formato. Es importante que los think tanks piensen cómo reconstruir sus lazos con el equipo. Una forma de hacerlo es mediante una serie de actividades presenciales de integración una vez que la totalidad del equipo se encuentre vacunado.

Finalmente, otro tema a tratar se relaciona con el regreso a las oficinas y la mejor forma de llevarlo a cabo. Si bien los think tanks y demás organizaciones de sociedad civil se caracterizan por su flexibilidad en los esquemas de trabajo, algunos solo permitían esta opción en casos particulares. Consultando con algunos colegas de Estados Unidos y Canadá, comentan que la respuesta de sus equipos al posible “regreso a las oficinas” ha sido variado. En algunas organizaciones la mayoría del personal quiere regresar a un espacio físico, mientras que en otras quiere seguir realizando su trabajo desde casa. Los jóvenes son quienes principalmente quieren regresar y reanudar el contacto físico con otras personas. Ante estas diferencias muchas organizaciones han pensado en adoptar un modelo híbrido. Lo que es cierto es que los tiempos han cambiado y los think tanks deben tener la capacidad de asumir los nuevos retos e innovar para asegurar que el modelo de trabajo se mantenga vigente en la nueva normalidad.

Twitter: @lilialvaradob

Liliana Alvarado

Directora General de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas

Columna invitada

Licenciada en Relaciones Internacionales (ITAM) y Maestra en Políticas Públicas y Administración (London School of Economics). Colaboró en la Secretaría de Hacienda y Crédito Público donde adquirió una amplia experiencia en política fiscal y se especializó en el análisis de los sistemas fiscales en el ámbito internacional. Asimismo, trabajó en Fundar en el Área de Presupuestos Públicos, en transparencia presupuestaria y rendición de cuentas. En Ethos ha coordinado trabajos en materia de finanzas públicas, pobreza, seguridad pública y anticorrupción.

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