En los últimos 20 años ha habido un aumento constante de la independencia supervisora; aumentar la independencia de las entidades reguladoras y supervisoras beneficia la estabilidad financiera y una supervisión más estricta por parte de entidades independientes no afecta la eficiencia ni la rentabilidad del sistema bancario

LONDRES – Existe una vasta literatura académica sobre la independencia de los bancos centrales, cuyos directores se refieren a este tema cada vez que tienen la oportunidad. La mayoría de los artículos académicos, y todos los directores, argumentan que un alto grado de independencia se vincula con una inflación baja y la estabilidad monetaria.

Algunos de esos estudios académicos cuestionan la dirección de causación, preguntándose por qué países con poblaciones con alta aversión al riesgo, como Alemania, se inclinan a favorecer una independencia más sólida. Pero hay una amplia aceptación de la idea general de que alejar a los políticos del proceso de determinación de las tasas de interés se asocia con una inflación menor y más estable. Hay mucha evidencia de que, con anterioridad, el ciclo electoral influyó en las decisiones de las tasas de interés, con consecuencias perjudiciales.

Se ha prestado mucho menos atención a la independencia de las entidades reguladoras financieras y, en especial, a las entidades de supervisión bancaria. Por supuesto, varias de estas son parte de los mismos bancos centrales, pero eso no debe hacer suponer que todas lo sean

Cerca de un tercio de los países que cuentan con sistemas bancarios significativos funcionan con entidades supervisoras externas al banco central. Ejemplos de ello son Suecia, Japón y Australia. Y en algunos casos la política monetaria y la supervisión corresponden a entidades diferentes, incluso si ambas están dentro del banco central.

El tema de lo independiente que sean las entidades supervisoras bancarias reviste más que un mero interés teórico. La independencia regulatoria y de supervisión es uno de los principios básicos del Comité de Basilea sobre Supervisión Bancaria. Sin embargo, según el Fondo Monetario Internacional, es una de las que se cumple menos en los países evaluados por esta organización.

La percepción de falta de independencia de las entidades supervisoras bancarias en algunos países de la eurozona fue una de las razones para establecer la unión bancaria de la Unión Europea. Existe evidencia de que los bancos con participación política directa estuvieron sujetos a una supervisión indulgente y tuvieron un desempeño particularmente deficiente en la crisis financiera de 2008. Sus deudas incobrables fueron mayores de lo esperado.

De manera más reciente, ha habido interrogantes acerca de la cercanía de las entidades supervisoras alemanas con el ministerio de finanzas de ese país. Tras el escándalo contable que reveló la insolvencia de la firma de procesamiento de pagos y servicios financieros Wirecard, la Autoridad Europea de Valores y Mercados señaló que “se había elevado el riesgo de influencia del Ministerio de Finanzas, dadas la frecuencia y el nivel de detalles de los informes” en el caso Wirecard.

Con esto como telón de fondo, el Banco de Inglaterra (BOE) ha producido oportunamente nuevos estudios sobre el vínculo entre independencia regulatoria y estabilidad financiera. Los autores llevan a cabo un novedoso índice de independencia semejante a los índices utilizados para el ámbito de las políticas monetarias, pero con diferencias en algunas áreas.

El estudio del BOE incorpora los procedimientos para nombrar al director de la entidad reguladora: ¿Hay un grado de independencia en el proceso? ¿Cuánto dura su mandato? ¿Cuán fácil es despedirle?

Además, los autores examinan la capacidad del ente supervisor de imponer normas sin necesidad de aprobación política, y su participación en el proceso presupuestario. Algunos se pueden financiar mediante un poder de cobrar tasas a las firmas reguladas; otros tienen que acudir al gobierno o la legislatura para obtener fondos, creándose así la posibilidad de que los bancos hagan presión política para poner trabas a este procedimiento.

Tras elaborar el índice, los autores pasan a examinar si la independencia supervisora se correlaciona positivamente con la estabilidad financiera. En comparación con la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera es un concepto complicado de manejar. Tendemos a descubrir dolorosamente cuando está ausente, pero ha sido difícil desarrollar índices de su presencia. Varios explican muy bien la última crisis, pero son menos útiles para predecir la próxima.

Para representar la estabilidad financiera, los autores del BOE escogieron el nivel de préstamos incobrables del sistema bancario. Quizás no sea una medida perfecta, pero tiene la ventaja de estar disponible, de manera ampliamente comparable, en una buena gama de países y por una cantidad de años significativa.

Al comparar los dos conjuntos de datos se puede llegar a buenas conclusiones. En los últimos 20 años ha habido un aumento constante de la independencia supervisora y, en palabras de los autores “las reformas que apuntan a una mayor independencia regulatoria y de supervisión se asocian con un menor nivel de préstamos incobrables en los balances de los bancos [y]... en general, nuestros resultados muestran que aumentar la independencia de las entidades reguladoras y supervisoras beneficia la estabilidad financiera”.

Más aún, presentan evidencia de que una supervisión más estricta por parte de entidades supervisoras independientes no afecta adversamente la eficiencia ni la rentabilidad del sistema bancario. Se podría plantear la duda razonable de que eso implicaría costosas limitaciones, pero parece no ser el caso. La eficiencia bancaria, definida como la relación de coste a ingreso, tiende a mejorar cuando los supervisores son más independientes. Y no hay un efecto negativo en los resultados finales del balance de los bancos.

Entonces, ¿que puede no gustar de todo esto? ¿Estamos en un territorio de sólo ventajas?

No es tan así. Existe un “pero” que puede hacer que los políticos duden. La relación entre independencia y la cantidad de préstamos bancarios es negativa. En otras palabras, si los supervisores independientes son más rigurosos, los bancos tienden a prestar un poco menos. La escala del efecto no es dramática, pero es negativa e significativa.

Es posible que este efecto sea de transición y se diluya a medida que se mantenga la disciplina de la supervisión. Más aún, los préstamos no concedidos podrían haber sido hechos a compañías sin viabilidad o a consumidores sobreendeudados. No es obvio que esa deuda sea particularmente beneficiosa para el crecimiento y la productividad.

Al menos en el dominio público, la independencia regulatoria y de supervisión no ha adquirido la reputación de la independencia de los bancos centrales. Ni siquiera tiene su propia sigla, como en el caso de la IBC. Es de esperar que los estudios del BOE sean determinantes para cambiar eso.

El autor

Howard Davies, primer presidente de la Autoridad de Servicios Financieros del Reino Unido (1997-2003), es presidente de NatWest Group. Fue director de la London School of Economics (2003-11) y se desempeñó como vicegobernador del Banco de Inglaterra y director general de la Confederación de la Industria Británica.

Traducción

David Meléndez Tormen