La presencia del Ejército, Marina y Guardia Nacional en aduanas, puertos y aeropuertos produjo lo previsible: descontrol administrativo, extorsiones a pasajeros de vuelos desde Sudamérica y la caída de ingresos fiscales. Al tercer trimestre del 2020, comparando la caída de la recaudación federal de 0.9% —producto de la recesión y la pandemia— la captación de impuestos de importación se desplomó 15.6 por ciento.

Como puerta de entrada a cualquier país, la presencia armada en las aduanas es milenaria. También lo es el contrabando y la corrupción que lo tolera. Daniel J. Boorstin relata en The Discoverers que en el año de 1340, Francesco Balducci, agente de una familia florentina de banqueros, preparó un manual para comerciantes viajeros que aconsejaba tratar respetuosamente a los oficiales de las aduanas y hacerles un presente en bienes o dinero “así se comportarán con gran civilidad y estarán dispuestos a tasar sus mercancías por debajo de su valor real”.

Esta guía —de hace 680 años— revela, asimismo, que la determinación de la base gravable de un arancel nunca ha sido un tema sencillo. A principios de los 90, México incorporaría en la Ley Aduanera el mecanismo de valoración del GATT para reflejar un valor de mercado, con ciertos ajustes para evitar la subvaloración resultante de la vinculación comercial entre exportadores e importadores (a diferencia del “valor de Bruselas” que permitía precios artificiales fijados por los gobiernos).

En adición a la valoración de una mercancía, el despacho aduanero exige un detallado conocimiento sobre clasificación arancelaria, certificación de origen, reglas de mercado, cupos o cuotas, mercancías prohibidas, cuotas compensatorias, permisos y otras restricciones no arancelarias, desgravación a bienes producidos o transformados en países con tratados de libre comercio, etcétera.

Además de la importación y exportación definitiva de bienes, existen regímenes aduaneros de tránsito, temporales, de depósito fiscal, de elaboración, transformación o reparación en recintos fiscalizados, de manejo, almacenaje o custodia de bienes en recintos fiscalizados estratégicos, importaciones de mercancías y vehículos a franjas y regiones fronterizas, y franquicias para diplomáticos o pasajeros en vuelos internacionales.

La especialización del comercio exterior en México, que incluye la participación de agentes y apoderados aduanales y de dictaminadores aduaneros, revelan la necesidad de un conocimiento técnico y sofisticado que requiere, por un lado, agilizar el flujo diario de decenas de miles de contenedores y, por el otro, detectar y detener el flujo de bienes de contrabando o prohibidos.

En muchas latitudes las aduanas se apoyan de elementos armados. En EU, por ejemplo, hace más de 30 años vi operar equipos del servicio de aduanas y del ejército en el puerto de Miami detectando cargamentos de droga; en México, desde entonces, operaba la Policía Fiscal como brazo armado del SAT, pero en ninguna economía avanzada es una función del Ejército.

Otorgarle a la Secretaría de la Defensa Nacional este encargo, a cambio de lealtades que instituciones civiles no le conceden al presidente López Obrador, es muy grave: primero porque está prohibido constitucionalmente, segundo, porque no está técnicamente capacitada para ello (Horacio Duarte tampoco) y, tercero, porque darle algo a los militares y luego requerírselos de vuelta es, además de difícil, muy costoso. Terrible error.

Twitter: @erevillamx

Eduardo Revilla

Profesor Derecho Fiscal ITAM

Recursos Públicos

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Socio de Deloitte México (Impuestos y Servicios Legales). Fue Director General de Asuntos Fiscales Internacionales de la SHCP y representó a la dependencia en foros y organismos internacionales. Ha sido profesor de Derecho Fiscal por más de 30 años en diversas universidades.

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