Una semana después del festival de Woodstock –tema al que dedicamos el Mixtape de la semana pasada–, el mundo presenció el regreso a los escenarios del Rey del Rock n’ Roll: Elvis Aaron Presley. El International Hotel de Las Vegas, Nevada (hoy, un hotel Hilton) fue el lugar que vio al Rey regresar a los escenarios tras una ausencia que duró casi toda la década de los sesenta. Elvis 1969 es el documento que nos muestra la última gran resurrección de Elvis, presenta a un artista que pasó nueve años fuera de los escenarios –desde su estancia en el Ejército hasta su incursión en el mundo del cine– y que seis meses antes había iniciado su segundo acto con un aclamado especial de televisión.

 

 

Los once discos que integran esta edición presentan las presentaciones del 21 al 26 de agosto de 1969 donde Elvis interpretaba un show “de cena” y uno de medianoche para un público adulto. Algunas de estas presentaciones habían sido editadas en el In Person at the International Hotel, Las Vegas, Nevada –con las presentaciones del 22 y 23 de agosto– y Live In Las Vegas –con la presentación del 24 de agosto. Presley en este momento podía parecer como un dinosaurio que estaba más cerca a los crooners de los cuarenta (como Sinatra, Dean Martin o Sammy Davis Jr.) y había sido opacado por la Invasión Británica, los hippies de Woodstock y los rockeros ruidosos que dominaban el zeitgeist cultural del momento.

Entre los músicos que lo acompañaban estaban James Burton (guitarra), John Wilkinson (guitarra), Ronnie Tutt (batería), Charlie Hodge (guitarra acústica y el hombre que le daba el Gatorade a Elvis), Jerry Scheff (bajo), Larry Muhoberac (teclado), la orquesta de Bobby Morris y los coros de The Imperials y The Sweet Inspirations. Aquí Elvis podía ser el líder de su propia orquesta con su propio coro gospel y ellos revelaban los verdaderos intereses musicales que lo acompañaron durante su etapa tardía. Este grupo de músicos ayudó a concebir las ideas musicales que se convirtieron en canciones como “In The Ghetto” o “Suspicious Minds”. También le daba el escenario perfecto para convertirse en un comediante involuntario, uno de los grandes deleites de estos shows son sus monólogos e intervenciones, que están llenos de humor, muestran a un Elvis relajado y donde se nota que se la está pasando bien.

 

 

A diferencia de sus presentaciones posteriores, las interpretaciones que hace a sus clásicos como “Hound Dog”, “All Shook Up” o “Mystery Train” son poderosas y están propulsadas por una sección rítmica feroz que hacen que Elvis disfrute regresar a ellas. En otras presentaciones se notaba que le aburría tocar esas canciones y las apresuraba para librarse de ese compromiso. En las baladas era el momento donde Presley podía mostrar su rango vocal, las contagiaba de tal dramatismo que lograban cautivar a su público como pocos artistas. Los cóvers a The Beatles, Del Shannon y los hermanos Gibb, muestran que también había una parte de Elvis que estaba conectada a los sonidos contemporáneos y que siempre buscó apropiarlos a su estilo.

Fue en estos shows fue donde Elvis presentó por primera ocasión “Suspicious Minds”. Aquí la banda pone los manteles para que Elvis pueda soltar todo y este era el momento donde Elvis Aaron Presley volvía a brillar y demostrar que podía ser un músico imponente. Años después estos espectáculos aceleraron su final artístico. Tratemos de imaginar la escena. En los camerinos, Elvis se prepara como un pugilista antes del combate, está frente al espejo ensayando sus mejores movimientos para ser el dueño de la noche, para ganar el título mundial y ser el mejor del mundo. La noche del 21 de agosto de 1969, Elvis Presley salió al escenario del International Hotel de Las Vegas, Nevada, listo para demostrar que él sería para siempre el único e incomparable Rey del Rock n’ Roll.

 

 

 

Twitter: @tonebecerril

[email protected]

Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea