Si seguimos la lectura de la mayor parte de los libros publicados por López Obrador, veremos su obsesión por el sector energético. Y esto es plenamente entendible si consideramos que viene de un estado altamente petrolizado y que la mayor parte del “boom económico” de Tabasco en los 70 proviene del boom petrolero que vivía la nación.

Esta idea no parece haber cambiado con el paso del tiempo. Si analizamos su Proyecto alternativo de nación (2004), del cual hicimos nuestras críticas en su momento para las elecciones del 2006, de lo absurdo que suponía apostar toda la economía nacional al petróleo, como en su momento señaló Enrique Krauze en un valiente artículo que después daría lugar al libro Por una democracia sin adjetivos a principios de los 80. Tal parece que dicha convicción se ha convertido en una obsesión, que puede convertir al nuevo modelo energético a la ruina económica, y por tanto, de sus ambiciosos proyectos de infraestructura y los “guardaditos” que quiere lograr para su política de asistencia —en parte necesaria—, pero que tiene como finalidad política perpetuar la continuidad del modelo político de Morena y en lo que ésta que se convierta. ¿Cómo es posible si la energía, que representa aproximadamente 4-5% del PIB, puede echar para abajo la de por sí baja calificación crediticia de AMLO, al grado de perder el grado de inversión y estar a un paso de los bonos basura?

La pérdida del grado de inversión supondría el incremento de los intereses de la deuda contratada por Peña Nieto, que ya incluye cerca de 20% del presupuesto y cerca de 10 puntos del PIB. Si el dedo en la llaga de todas las calificadoras ha sido la elevada deuda de Pemex y CFE, que ya puede llevar a la disminución del grado de inversión, no de la deuda de Pemex, sino de la deuda nacional. Ello además en cierto modo es contradictorio con las palabras —a las que cada vez hay que hacerles menos caso— de que iba a reformar la reforma energética de Peña Nieto, al menos en lo que ya se había instrumentado hasta el momento. ¿Por qué entonces el empecinamiento, al que ya nos estamos acostumbrando, de López Obrador, a pesar de las voces en contra de los mercados? ¿No se ha dado cuenta que el país ha cambiado en décadas, que ya hemos variado de un sistema de economía de sustitución de importaciones, a otro de apertura?

Tiene cierta explicación adicional para AMLO la importancia de apuntalar el sector energético: que representa hasta 20% de los ingresos públicos, y de una producción cercana a 3 millones de barriles diarios con Fox y Calderón, apenas alcanzaremos 1.5 millones, con tendencias a la baja, acompañadas de bajadas a la baja también en el precio internacional. Malas noticias para el presidente. El entercamiento de AMLO en el sector energético puede echar para abajo la 4T y su intención de pasar a la historia como uno de los mejores presidentes de la historia. Su Secretaria de Energía no tiene experiencia de campo; su director de Pemex tiene experiencia en fertilizantes; tuvimos varias semanas de desabasto por haber corrido al personal de Logística de Pemex, que hacía las compras internacionales según las expectativas del mercado nacional (encubiertas bajo la persecución del huachicol). Dos Bocas a juicio de muchos expertos no tiene ni pies ni cabeza; ni se construirá en tres años; costará mucho más de lo que AMLO y Nahle pronostican, y se llevarán mucho dinero del Presupuesto de Egresos, necesario para los otros caprichos de Pemex y asegurar las elecciones del 2021 y 2024 a través de la política asistencialista de nuestro nuevo presidente. Las calificadoras no quitan el dedo del renglón de la deuda de Pemex y del cambio de modelo y de personal para alcanzar las cotas de producción que necesitamos.

*Máster y doctor en derecho de la competencia, profesor investigador de la UAEM y socio del Área de Competencia, Protección de Datos y Consumidores del despacho Jalife& Caballero.