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La tristeza del gasto público

En términos de gasto público los gobiernos literalmente no tienen llenadera. No encuentran límite para sí mismos. Lo anterior se hace cada vez más evidente conforme se expande la idea de que los gobiernos lo deben y lo pueden todo. A partir de la crisis financiera de 2008-2009 surgió una fuerte corriente de pensamiento que, entre otras cosas, argumenta el final del liberalismo económico, neoliberalismo como gustan llamarle, porque implica el debilitamiento del Estado con fuerte presencia del sector privado lo que causa pobreza, desigualdad y descontento social. Con esta base teórica llegó la pandemia que impulsó aún más la idea de más Estado y menos mercado. Como sea gobiernos siempre tienen compromisos de gastos, tienen una capacidad voraz de gastar el dinero que no es suyo sino de los contribuyentes. La premisa de que no hay mejor dinero gastado que el ajeno le queda como anillo al dedo a los gobiernos; sino es para ayuda militar para otras naciones, lo es para la defensa propia; sino es para hospitales, lo es para ayudas económicas a las personas, así la espiral de obligaciones del Estado y gasto es interminable. Si bien han existen gobiernos con responsabilidad lo cierto es que, como regla general, los gastos siempre rebasan los ingresos lo que no ha llevado al super endeudamiento del estado moderno al que asistimos. Este hecho se agrava porque el gastar atrae votos, pero el cobro de impuestos para cubrir estos gastos produce el efecto contrario, aleja los votos.
Para las grandes mayorías no les resulta de interés inmediato saber cómo es que sus gobiernos gastan tanto o de dónde obtienen los recursos. En la coyuntura actual nuestro gobierno en su último año ofrece un buen ejemplo para discutir. Si el Inegi no hubiera cambiado el año base, el crecimiento del sexenio no llegaría al 1%, se cambió el año base con lo que la cifra de crecimiento apenas superará el 1 por ciento. El gobierno habrá gastado 7.45 millones de millones (billones) anuales; en 2024 serán 9.2 de los cuales 2 serán de deuda. Estas cantidades crecientes no corresponden únicamente a ajustes inflacionarios lo que ha detonado una deuda nominal de 6.2 billones. En contexto podemos decir que con la negociación de la deuda mexicana en 1946 pasaron 12 presidentes de la República en 72 años para que llegará a 10.5 billones; sólo este sexenio se habrán juntado 6.2 billones más. Los gastos y la deuda no han sido más que crecientes sin que ello se haya reflejado en crecimiento por lo que se puede concluir como hipótesis de trabajo que el gasto público en México ha dejado de contribuir al desarrollo del país. Los 9.2 billones que el Congreso le aprobó en horas al gobierno representan ya el 25% del PIB desafortunadamente 1.2 billones son para pago de intereses de la deuda acumulada y 2 billones serán de deuda nueva.

