La renovación del acuerdo comercial de América del Norte, que incluye a México, Estados Unidos y Canadá, es parte de una tormenta perfecta en el sector de los contenidos y en la industria de las telecomunicaciones de México. Representa la posibilidad no sólo de importar infraestructura a precios más competitivos, sino de abrir espacios para que México sea un lugar de producción de esa infraestructura para atender la demanda local y exportar, me dijo Anderson Ramires, socio de Technology, Media and Telecommunications de la consultora PwC México.

La posición de PwC, una de las cuatro mayores firmas de servicios profesionales del mundo, ofrece una visión optimista sobre el escenario en el que actuará el próximo Gobierno de México, con Andrés Manuel López Obrador a la cabeza. Ramires es uno de los autores de la edición 2018 del Global Entertainment and Media Outlook —el estudio anual de PwC para medir el estado de la industria de medios y entretenimiento— y está convencido de que la penetración de los servicios de banda ancha de internet representa una de las mejores noticias para la industria este año. “Se empiezan a notar los efectos de la reforma de telecomunicaciones de 2014”, dijo Ramires.

En un mundo digitalizado, la banda ancha es el activo principal para la oferta de bienes y servicios. Sin internet de alta velocidad, la economía digital pierde atractivo y genera desconfianza, además de que pone en riesgo la aplicación de soluciones tecnológicas. Sin internet de alta velocidad, servicios como Netflix o la banca electrónica serían un martirio. ¿Imaginan ver una película en el televisor que todo el tiempo se interrumpe en espera de una conexión a internet digna? ¿O imaginan realizar una transferencia bancaria y que el proceso sea suspendido sin la certeza de que se generó la transacción? Ahora imaginemos servicios de nueva generación operando con conexiones a internet de mala calidad, como coches autónomos circulando en la vía pública o intervenciones quirúrgicas ofrecidas vía remota.

La banda ancha se sostiene sobre el despliegue de infraestructura y México tiene un rezago en esta materia. La renovación del acuerdo comercial de América del Norte (USMCA, por su sigla en inglés, y T-MEC, en español) representa la posibilidad de refrendar contratos para la proveeduría de infraestructura y, según PwC, también para la instalación de plantas de manufactura en México. Esto incluso en plena competencia de los fabricantes estadounidenses contra sus pares chinos, tipo Huawei o ZTE. Hablamos de todo tipo de equipo de telecomunicaciones, desde cables de fibra óptica a routers, antenas, radiobases, servidores y teléfonos móviles. Y encima de todo esto, el software para su operación eficiente y a escala.

Javier Jiménez Espriú, quien encabezará la Secretaría de Comunicaciones y Transportes en el gobierno de López Obrador, ha dicho que una de las prioridades de la cartera a su cargo será la de abrir el mercado e impulsar una mayor convergencia entre operadores de telecomunicaciones y productores de contenido y de servicios. Esto exigirá más banda ancha y mayor infraestructura. Esto obligará a debatir con urgencia y mucha calidad la posibilidad de regular a los llamados OTT (servicios over the top, como Netflix, Blim, Spotify o YouTube), desde el ámbito fiscal hasta el laboral

Se trata, en palabras de Ramires, de una “tormenta perfecta” que enfrentará grandes vendavales pero que, al llegar la calma, puede traer un mejor escenario para México. En PwC, me dijo Ramires, esperan “ansiosamente” que se incremente la convergencia, pues “podría traer beneficios tanto para el mercado como para los consumidores, pero también para las empresas del sector”. 

JoséSoto Galindo

Editor de El Economista en línea

Economicón

Periodista. Desde 2010 edita la versión digital de El Economista en la Ciudad de México. Maestro en Transparencia y Protección de Datos Personales por la Universidad de Guadalajara. Tiene especialización en derecho de las telecomunicaciones y las tecnologías de la información. Su blog personal es Economicón.