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La tele a colores
Cuando en 1940 Guillermo González Camarena inventó el sistema tricromático secuencial de campo, que permitió que la imagen de televisión se viera a colores, no salió ningún ridículo senador a decir que la intención del invento era privatizar el servicio de televisión porque los avorazados empresarios venderían sintonizadores de color.
Son tan escasos de mira muchos políticos, que inventan tontería y media para poder ganar un espacio en los medios de comunicación. Aquí quedarán en el anonimato los nombres de los senadores que opinan que la digitalización tiene fines electoreros. ¡Que México se suma al inevitable cambio digital para beneficiar al PAN!
Es cierto que implica un cambio tecnológico a nivel de los consumidores, pero no es por un complot político.
Están también los expertos que le entienden tan bien a lo que implica la digitalización de la señal televisiva, que en sus explicaciones públicas quieren minimizar esta revolución al simple cambio de aparatos.
Dicen que de lo que se trata es de que el gobierno regale televisiones digitales para poder hacer la migración y ya. Que eso es todo.
Pero no, la importancia de adelantar este cambio va mucho más allá de poder ver el futbol en alta definición.
Es como el cambio de las grabaciones musicales de los discos de acetato, en los que una aguja reproducía cada uno de los sonidos perforados en la superficie rugosa del material. A los discos compactos, de la cuarta parte del tamaño que leía datos que después eran descifrados y reinterpretados como sonidos.
Es una descripción de la ganancia en calidad de pasar de un sistema análogo a uno digital. Pero es también la descripción del espacio ganado al momento de deshacernos de los acetatos.
Donde antes cabían 10 discos análogos de vinilo cupieron después 40 discos compactos de metal recubierto con plástico.
Y en una superficie similar a la que se requería para almacenar una hora de música en un cassette. Ahora a un iPod de dimensiones similares le caben 15,000 canciones.
A la señal digital de la televisión le ocurrirá lo mismo. Donde hoy sólo cabe un canal de televisión abierta, en la era digital le van a caber cuatro o cinco señales diferentes.
Y es ahí donde está la gran pregunta de qué sigue.
Las voces amantes de la reacción al bote pronto ya hablan de una verdadera tercera cadena de televisión que compita con Televisa y TV Azteca.
Porque su visión sólo alcanza para ver las frecuencias disponibles del 2 al 13.
Lo lógico sería dotar de más herramientas a los que hoy usan toda esa carretera para ofrecer servicios más competitivos e integrales no sólo de televisión, sino de datos.
O sea, no caer en el viejo juego de acabemos con los que han tenido éxito y bloquear a las dos televisoras existentes para que puedan usar las frecuencias que, de hecho, hoy usan.
Pero al mismo tiempo, dotar a otros competidores de las herramientas legales y tecnológicas para que busquen su crecimiento en la inmensa y muy incomprendida era digital.
Los alcances de la tecnológia hoy alcanzan para muchos competidores, es sólo cuestión de compartir la infraestructura que hoy existe y de quitarle las trabas burocráticas que los han postrado por competer el delito de ser exitosos en otros campos de la comunicación.
La competencia del Canal 2 no tiene por qué estar en el 2.1, ése debe ser un complemento del servicio actual de esa frecuencia.
Ni el 13 debe preocuparse porque un político que no le entiende concesionó el 13.2 a un tercero, cuando era una inercia natural usar ese excedente para sus proyectos.
La competencia digital debe estar en la apertura de la autoridad para que la tecnología se desarrolle a través de diferentes medios inalámbricos y que el consumidor decida.
El temor es que la era digital, que avanza tan rápido no pueda ser asimilada por una autoridad que a veces luce temerosa y amenazada por los mismos competidores.
Porque hay ocasiones en que en la industria de las telecomunicaciones hay mejores abogados que ingenieros. Es cierto que a veces el peor enemigo del avance tecnológico es el ambiente de competencia desleal que priva entre los operadores de los diferentes servicios de telecomunicaciones.
Y menos le van a entender muchos de los legisladores que han demostrado que viven en la época de la televisión en blanco y negro, y de bulbos.
ecampos@eleconomista.com.mx