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La solidaridad humana, la única salida
Con excesos los seres humanos, estamos anteponiendo el individualismo por encima de la conciencia social. Las necesidades básicas, gustos, pasiones y aspiraciones personales por encima de todo. La acción del Estado y el mercado, por tanto, orientan sus incentivos hacia el individuo más que por lo colectivo. Bajo esta lógica, el individuo se encumbró por arriba de la sociedad; el hombre hecho Dios omnipresente con una clara falta de empatía hacia los demás. En la actualidad, sin embargo, el concepto del dios dinero del liberalismo no y el concepto del jefe máximo estatista socialista no se sostienen. Los siguientes pasos después de la pandemia, así como la pronunciada crisis de solvencia moral que vivimos y, la administración del impresionante avance tecnológico al que asistimos al igual que el reto migratorio sin precedente requieren voltear hacia la solidaridad humana como única salida a estos desafíos. El falso dilema de primero el bienestar del individuo y con esto, se logra el bienestar colectivo, ha sido tan insensato como la visión contraria. La salida no se puede encontrar en primero uno luego otros. El sustentar nuestras acciones en la ética y la empatía es la respuesta para estos tiempos. El impacto del Internet, entre otras cosas, ha logrado que las vías de contacto utilizadas por todos, muestren como nunca las ancestrales diferencias socioeconómicas que en esta ocasión están a la luz de todos y en todas partes. En esta lógica del Internet, el multimillonario negocio de las empresas tecnológicas y la proliferación de redes sociales, se inscriben los retos de la migración, pobreza e igualdad. Este hecho ha dado como resultado mayor enojo, frustración y envidia colectiva. Bajo esta lógica, los graves problemas agravados por los nuevos tiempos, aunado a la psique colectiva, obligan a pensar en el humanismo con la empatía, la moral y el autocontrol como vía para lograr una mejor convivencia humana.
Con un nuevo enfoque de vida orientado a una mayor solidaridad, debemos asumir que será la economía de mercado la única capaz de continuar desarrollando la cura global para el Covid y siguientes virus o bacterias tal y como lo hizo con el dengue, el sarampión o la influenza. La diferencia estriba en que en el futuro debe de hacerse con base en utilidades justas, ello impedirá episodios vergonzosos como el hecho de que a estas alturas no hay cura para el Ébola simplemente porque en África no están los recursos para pagarla. Igualmente, no debiera existir duda de que será el Estado y no el mercado, quien tendrá un papel más relevante sobre el cuidado de las personas bajo normas iguales para todos sin importar estrato social, raza, preferencias o creencias. Han sido las religiones quienes, bajo el principio de universalidad en el que todos somos hijos de un ser superior, han avanzado mejor en el concepto de igualdad, no obstante, sigue existiendo el deseo de igual en términos no sobrenaturales. El libre mercado con su potencia para generar riqueza y el Estado democrático con su capacidad para alcanzar cohesión social necesitan trabajar de la mano para unir a las sociedades en estos tiempos de división. El tiempo del individualismo se agotó, pero para que llegue realmente el momento de la colectividad, se requiere del despliegue a plenitud de la solidaridad humana, entenderlo así representa la salida a las diferencias sociales que tenemos los seres humanos.

