La relación diplomática entre México y Estados Unidos entró en una zona de turbulencia con la victoria del demócrata Joe Biden.

Los efectos de la transición Trump/Biden provocaron la renuncia de la embajadora Martha Bárcena a la legación mexicana en Washington, pese a ser revestida por una jubilación adelantada al gremio del Servicio Exterior Mexicano (SEM). Sin embargo, resultó evidente que, en 2018, el deseo de la embajadora era concluir su carrera diplomática en 2024.

Los códigos de comunicación entre Palacio Nacional y el número 1911 de la avenida Pennsylvania ya no eran comprensibles ni compatibles, por el contrario, las divergencias conceptuales de la relación diplomática se iban acumulando: el viaje del presidente AMLO a Washington; el laberíntico caso de la detención del general Cienfuegos, pero en particular, su regreso a México; la no-felicitación del Gobierno mexicano a Joe Biden por su victoria electoral durante las horas o días posteriores a la fecha de los comicios; y la liberación del hijo del Chapo Guzmán, entre otros casos.

La visita del presidente López Obrador a la Casa Blanca el 8 de julio resultó ser una anomalía, pero sobre todo, sus palabras de agradecimiento a Donald Trump no embonaban con la realidad: “Como en los mejores tiempos de nuestras relaciones políticas, durante mi mandato como presidente de México, en vez de agravios hacia mi persona (...) hacia mi país, hemos recibido de usted, comprensión y respeto”.

En efecto, Trump pudo ser terso con la persona de Andrés Manuel López Obrador, pero no lo fue con el resto del país. El injustificado chantaje de imponer aranceles en caso de que el gobierno del presidente mexicano no repeliera la entrada de migrantes centroamericanos al país, hizo reventar las costuras de la constitución mexicana en materia de soberanía, y del TLCAN en materia comercial.

Cuando el presidente menciona: “en vez de agravios hacia mi persona”, refleja una idea que no asimila lo ocurrido cuatro años antes cuando la sociedad mexicana fue utilizada por Trump para hacer su campaña electoral.

Inclusive, fue desde el martes 16 de junio de 2015 en la Torre Trump, cuando el empresario comenzó a dedicarle a México un conjunto de adjetivos desagradables.

El contenido de un video filtrado en el que aparece el exembajador Christopher Landau criticando la estrategia de seguridad del presidente López Obrador no tendría que sorprender. Es el trabajo de todo diplomático cuando es enviado a alguna misión. En eventos cerrados y a través de despachos diplomáticos circulan posturas, críticas, y cuando los ameritan, aplausos, hacia los gobiernos donde se encuentran cumpliendo misiones como embajadores. Lo interesante del video no es el contenido, lo relevante es conocer el nombre del autor de la filtración. El mensaje y la intención son claras.

El propio Landau calificó como “atroces” los actos de violencia que ocurren en México. Lo hizo en un evento público en febrero de 2020. Y tenía razón. Otra cosa es que, desde los eventos llamados “mañaneras”, el presidente ya no pronuncie las palabras “crimen organizado”, un acto “casi mágico”, me comenta un amigo.

Un presidente, como Joe Biden, que genera calma en la política no gusta al presidente de México porque lo considera injerencista y potencial riesgo para su proyecto “4T”. Por el contrario, Trump era un personaje previsible y carente de contenido político.

Lo que es cierto es que Joe Biden ya rebasó por la izquierda a más de un presidente conservador. Su plan de gobierno sorprende y produce envidias.

Fe de erratas: en el texto publicado aquí el pasado miércoles, “Si México fuera el país miembro número 28 de la Unión Europea...”, escribí de manera errónea el nombre del ministro presidente de la Suprema Corte: Sergio, en lugar de Arturo Zaldívar. Una disculpa.

@faustopretelin

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.

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