Entre los objetivos propuestos por la FAO, está erradicar el hambre para el año 2030 en el mundo. En pleno siglo XXI, no hemos podido erradicar el hambre que aún sufren millones de personas en el mundo. La seguridad y soberanía alimentaria, son dos temas que, desde la política pública, pero también desde las ciencias sociales se han venido trabajando a la luz de la gran crisis alimentaria en la producción, distribución y consumo de alimentos.

Para agregar un mayor grado de complejidad al asunto, diferentes especialistas han advertido sobre la crisis económica producto de la pandemia que se ha resentido en todos los rincones de nuestro planeta. Mundialmente, se ha observado una inflación en el precio de los alimentos que ha afectado el consumo de una gran parte de la población. Aún es un poco pronto para arrojar cifras sobre la modificación de los hábitos de compra a raíz de la inflación observada en las últimas semanas. Las poblaciones con mayor número de comunidades vulnerables a este respecto, se concentran en Asia y África, pero eso no quiere decir que México y América Latina en general estén exentos de este complejo problema. El Programa Mundial de Alimentos alerta que a raíz de la pandemia de Covid-19, el número de personas que se encuentran en crisis alimentaria se podría duplicar si no se emprenden acciones urgentes. La recesión económica mundial ha hecho más vulnerables aquellos que ya lo eran antes de la pandemia.

A nivel global, estamos viviendo también una crisis de la cadena de suministro que ha afectado no solamente la distribución de productos alimenticios, sino la distribución de productos de diversas industrias, como la automotriz, la informática, la electrónica, entre muchas otras. Encima de esto, hubo industrias que observaron caídas catastróficas, que vivieron verdaderas crisis, como la industria de viajes y turismo, la industria restaurantera, los gimnasios, entre muchas otras. El cambio no sólo en lo que comprábamos, sino también en la manera en la que consumimos, hizo una sobredemanda en algunos de los componentes de los productos de nuestra vida cotidiana que fue imposible de abastecer. Todo esto debido a un fenómeno anteriormente advertido en diversos foros sociales: nuestra interdependencia como especie y el fenómeno de la globalización en la forma contemporánea (puesto que los intercambios globales han existido a través de la historia) – hacen que un producto tenga que pasar por infinidad de manos antes de llegar al consumidor final, quien ya pagó por toda esa cadena.

Esto afectó de manera directa a las organizaciones sin fines de lucro como los bancos de alimentos, encargados de distribuir productos alimenticios a las personas en situación vulnerable. Muchos de estos bancos y programas humanitarios, dependen no sólo de la cadena de suministro, sino también de las empresas que donan productos para que estos bancos puedan suministrar a los más necesitados. A su vez, estas empresas están siendo afectadas por la cadena de suministro.

Ante este hecho, en redes sociales han circulado videos que alertan, por ejemplo, sobre no tener los suficientes videojuegos o computadoras para regalar en Navidad, o no poder escoger el color del auto nuevo. Siendo realistas, entendamos que esta crisis ha dejado prácticamente sin comida a millones de personas. Hoy es buen momento para reflexionar sobre la manera en la que estamos interconectados en el mundo contemporáneo, y cómo nuestras acciones afectan a un todo.

@lilianamtzlomel

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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