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La moralidad sobre el cuerpo en tiempos de Covid-19

El cuerpo, la forma en la que entran las enfermedades y la manera en la que esto se percibe socialmente han sido también sujetos de un proceso histórico que ha evolucionado.
El cuerpo, además de ser un objeto físico, es un objeto social e histórico. Las ideas sobre cómo mantenerlo, entretenerlo, considerarlo bello, sano, feo, desviado de la norma social u otras ideas están ancladas en el aparato normativo social de lo que rige en una época.
El cuerpo, la forma en la que entran las enfermedades y la manera en la que esto se percibe socialmente han sido también sujetos de un proceso histórico que ha evolucionado, a veces a la par de los descubrimientos científicos y, otras, en ausencia de ellos. Basta recordar cómo hace no relativamente mucho tiempo, la medicina estaba basada, por ejemplo, en la teoría de los humores, en la que se consideraba que la salud y el equilibrio del cuerpo estaban basados en los cuatro líquidos que circulan en él, y el exceso o carencia de ellos daba incluso características de la personalidad. Revisando para atrás, además de que en relación con la historia de la humanidad hace no mucho tiempo se creía en ello, hoy nos podría parecer un tanto absurdo.
Pero aun con la llegada de la medicina moderna, observamos que en el padecimiento de ciertas enfermedades existe una carga de moralidad sobre ésta. En los años 80, cuando se dan los casos de VIH positivos, la carga moral de la enfermedad tomó tintes incluso religiosos, pues en algunos sectores de la sociedad se llegó a considerar que era un castigo divino a la comunidad homosexual, quienes en aquel momento parecían ser los principales afectados. El componente de contagio por contacto sexual agregaba aún más lecturas morales sobre el tema.
Hoy con el Covid-19 se vive una moralidad también en relación con los factores de riesgo concomitantes a la enfermedad. Desde las manifestaciones de discriminación y ataques al personal de salud, pasando por la condena de quienes tienen enfermedades crónico-degenerativas, el Covid-19 encuentra también una moralidad a través del cuerpo.
Sabemos, de manera general, las maneras en las que se propaga el virus y también las medidas básicas que se deben tomar. Sin embargo, ante el escenario de que quienes son más propensos a contagiarse son los adultos de la tercera edad y las personas obesas, con diabetes o con hipertensión, estamos corriendo el riesgo de caer en lo que el filósofo Edgar Morin llama un darwinismo social, sobre el supuesto de una selección natural de los individuos más aptos para sobrevivir.
Pareciera entonces que el vivir o morir con Covid-19, incluso, no tenerlo pero tener más factores de riesgo, es una cuestión que genera segregación y exclusión social. No son pocos los casos en los que las personas que lo padecen o padecieron se ven obligadas a ocultarlo, como un estigma social del siglo XXI.
Sobre las maneras de prevenir el Covid-19, recae también una especie de moralidad que nada tiene que ver con la ciencia: desde los supuestos daños neurológicos por el termómetro, hasta los remedios caseros y milagrosos contra el Covid-19. Las recomendaciones de comer bien, hacer ejercicio, descansar (para fortalecer el sistema inmune) generalmente van cargadas también de una moralidad que se ve desfasada ante las condiciones sociales y económicas que ha dejado la pandemia. Conocemos los medios de propagación, pero la moralidad que se le da a quienes se contagian es un fenómeno que provoca, sin duda, exclusión social.
Twitter: @Lillie_ML

