Después del Atari 2600 de principios de los años 80, llegó la consola NES de Nintendo a mediados de esa misma década.

Su éxito lo hizo referente de la industria de los videojuegos, desde la Generación X hasta nuestros días, con juegos y personajes emblemáticos.

Son nombres del dominio público los de Mario Bros, Luigi o Donkey Kong. Sin embargo, este éxito comercial, y cultural, no debe ser suficiente para que el gobierno de un país como México pretenda impulsar una campaña en contra de esos “juegos electrónicos” como les llama el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Estos ataques directos del Presidente en contra de Nintendo son una muy buena muestra del proceso de toma de decisiones de esta administración.

El Presidente detecta un problema que puede ser real, como la corrupción, la apología de la violencia, la evasión fiscal, etcétera, pero lejos de asesorarse para encontrar una salida productiva, intuye una solución con base en sus creencias o la información que él crea dominar.

Nintendo es una de las plataformas más importantes de videojuegos en esta industria cultural que genera 150,000 millones de dólares al año. Pero resulta que hasta hace muy poco tiempo esta empresa de origen japonés era una de las que más cuidaban que sus contenidos no tuvieran niveles altos de violencia.

Durante años Nintendo se mantuvo al margen de los juegos hiperviolentos que otras consolas de videojuegos, como Xbox, de Microsoft o PlayStation de Sony, sí comercializan.

Cierto, quizá por presiones del mercado, Nintendo se unió marginalmente a los juegos muy violentos con títulos como Wolfstein o Doom, que corren en sus dispositivos móviles. Pero el verdadero mundo de la violencia de los videojuegos ya no está en las consolas, está en los juegos en línea de dudosa procedencia, gratuitos y disponibles desde cualquier teléfono inteligente.

Dice el Presidente que si el niño llora le ponen el programa del juego electrónico en el Nintendo, palabras que ningún joven centennial podría comprender. El Presidente identificó el problema, pero hizo un mal diagnóstico cargado de ideología y de información imprecisa y atrasada. Con eso no contribuye a combatir el mal de fondo.

Con esta andanada en contra de Nintendo sólo genera un nuevo enemigo, pone en la mira al más noble de los participantes de ese mercado y seguro que pronto lo habrá de aderezar con todo el resto de sus lugares comunes.

Es con esa forma de pensar y proceder como gobierno del presidente López Obrador ha dejado sin medicamentos a los niños con cáncer, sin refugios a las mujeres violentadas, sin estancias infantiles a los niños, sin un aeropuerto funcional al centro del país, sin fondos y fideicomisos a un país de instituciones y próximamente sin donativos a miles de organizaciones sociales, porque la filantropía no es labor de los particulares sino del gobierno, según dice el Presidente.

Todas esas decisiones son la metáfora del Nintendo y la 4T, de cómo una mala concepción de un problema real acaba por no solucionar el conflicto y sí generar un daño mayor al original. Hay una devastación echando mano de todo ese poder que concentra el actual gobierno y lejos de encontrarse una solución acaba por agravarse.

Y de paso, claro, tenemos un nuevo distractor para las mañaneras.

Nintendo es una de las plataformas más importantes de videojuegos en esta industria cultural que genera 150,000 millones de dólares al año. Y hasta hace muy poco tiempo esta empresa era una de las que más cuidaban que sus contenidos no tuvieran niveles altos de violencia.

ecampos@eleconomista.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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