De julio a septiembre del 2018, el presidente Donald Trump estableció tarifas arancelarias de 10%, principalmente a productos electrónicos, bicicletas y electrodomésticos por 250,000 millones de dólares. China aplicó como represalia, de manera inmediata, aranceles a la soya y automóviles por 50,000 millones de dólares.

Hay que reconocer que las exportaciones chinas a EU representan cerca de 600,000 millones de dólares, mientras que las exportaciones estadounidenses a China representan solamente 130,000 millones de dólares.

Asimismo, en la década de 1990, 90% de las exportaciones chinas estaba compuesta por bienes de consumo y materias primas, cuando en el 2018, cerca de 50% son bienes de capital, principalmente electrónicos. Ésta es una de las razones que esgrime Donald Trump para justificar su guerra comercial.

¿Pero qué quiere Trump? Lo que ha solicitado Trump al equipo negociador chino son medidas extremas, invasivas y poco razonables:

1. Reducir el déficit comercial por 200,000 millones de dólares, pero en abril pasado esta cifra se incrementó a 300,000 millones.

2. EU hace el requerimiento a China de que no ejecute su plan de desarrollo Made in China 2025.

3. También establece que EU debe llevar a China enviados a supervisar que el gobierno chino en todos los niveles, no financien empresas controladas por el Estado.

Estas demandas rebasan la esfera del comercio internacional que se circunscribe en el punto uno. Sin embargo, la dinámica estructural de la economía de ambos países hace extremadamente difícil reducir el déficit, considerando el volumen de exportaciones que actualmente tiene EU con China.

Los productos americanos de alta tecnología no se venden a los chinos; por el contrario, se venden productos agrícolas, automóviles, componentes y semiconductores, así como energía.

Por otro lado, para reducir el déficit en 200,000 millones de dólares se requiere una drástica reducción de las exportaciones chinas a EU algo que no se puede lograr sino con un aislamiento.

China ya produce sus propios chips o semiconductores. De acuerdo con el plan Made in China 2025, los chips domésticos van a remplazar 40% del mercado hacia el 2025, por lo que las importaciones chinas de empresas estadounidenses como Intel, AMD y MU tendrían que reducirse año con año.

Por otro lado, las importaciones de productos agrícolas son marginales en valor y relativamente en cantidad que se tendría que forzar a China a comprar más de lo que requiere.

El desarrollo económico de China, así como el de otros países asiáticos, implica una mayor producción de artículos de alta tecnología y el plan 2025 está encaminado en ese sentido.

Asimismo, la demanda de Trump de limitar el financiamiento de empresas del Estado eliminado subsidios es difícil de cumplir. Pongamos, por ejemplo, el subsidio al transporte que no es financieramente sustentable en las primeras etapas y el impulso a la industria de pantallas LCD y OLED. Las empresas China Rolling Stock (trenes rápidos) y BOE (displays) han recibido apoyos del gobierno Chino.

En ambos casos, los costos para el usuario se han reducido drásticamente, un beneficio a la población y que también tiene un impacto favorable globalmente.

No obstante, Trump busca aislar y limitar las empresas tecnológicas Chinas. Ya empezó con Huawei, con controles estrictos a las exportaciones de productos tecnológicos desde EU.

Huawei tiene firmados más de 40 contratos para la construcción de la red 5G en Europa, medio oriente y Asia y es el segundo fabricante mundial de teléfonos.

Donald Trump congeló la medida por 90 días la semana pasada, por el impacto que puede tener en las rondas de negociación comercial con China para las cuales se avizora un acuerdo para antes del 26-28 de junio.

La falta de acuerdos a finales de junio puede tener un impacto negativo para el sector tecnológico y a los consumidores estadounidenses que absorberán los aranceles como nuevos impuestos y a su vez tendrán menores opciones de compra, inclusive de menor costo. Impactará negativamente a su vez a mercados emergentes por la desaceleración económica mundial que una guerra fría comercial y tecnológica representa.

Por su parte, aproximadamente 25 % de los ingresos de Huawei provienen de la venta de celulares y computadoras internacionalmente y no observamos un efecto cascada con otros países asiáticos, europeos o emergentes.

*Alberto Carrillo es analista senior en Signum Research.