Buenos días, buenas tardes o buenas noches. Difícil empezar de manera optimista lo que a todas luces no lo es; hablaremos de cosas que no podemos controlar, y por ello, la reacción negativa y de poco espíritu en los mercados

Es evidente que el mundo ha estado cambiando de sistemas gubernamentales y políticas de interacción, en muchos lugares neurálgicos del planeta recientemente. Les llamaremos parásitos, porque arrancan estableciendo mediocremente un cambio transicional que traiciona su propuesta original ante el electorado y se enfrascan de inmediato en la obtención de un control absoluto del poder.

Así que, sin importar el costo que represente, primero intentan afirmarse en el poder antes de empezar a intentar construir, abandonando proyectos de transición, y dejando pasar oportunidades acarreadas con la inercia de los antecesores en favor de un nuevo paradigma que no da frutos, en un entorno global increíblemente inestable.

No hay duda de que el tener a las dos economías más potentes del planeta enfrentadas tiene consecuencias de riesgos múltiples, estas son aguas muy turbulentas para navegar, y si a eso le agregamos el lado de los virus, resulta difícil planear escenarios de crecimiento mientras la peste porcina se sigue expandiendo, y el impacto del coronavirus se sigue propagando.

La cadena de suministro mundial está pasando por un cambio de ritmos y si bien, en términos estadísticos, el coronavirus es menos letal que plagas similares del pasado, el peligro pandémico es enorme. Lo que le afecta a China hoy es de alto impacto en el planeta, y si hacemos la extrapolación, en los tiempos del SARS, China era 6% del PIB mundial, hoy son más de 15% y no es un impacto menor; lógicamente, la industria naviera está sintiendo el rezago en la carga, las disrupciones logísticas y la desaceleración que ocasiona la falta de manufactura puntual en China.

El impacto disruptivo de su cadena de abasto ha impactado hasta en los países miembros de la OPEP que recortan más la producción petrolera, China ha bajado el ritmo de consumo hasta en 3 millones de barriles por día, y ante ello, lógicamente el precio del petróleo sigue cayendo. La combinación de lo anterior está obligando a que se usen barcos como almacenaje y se estén fondeando buques cisterna llenos de petróleo en lo que se resuelve esta disrupción.

Seguro te preguntarás... ¿y qué tiene que ver eso con los precios de los commodities agrícolas? Bueno, pues si mides el impacto de China en el consumo mundial de granos y oleaginosas no es un tema menor, especialmente si empiezas a asociar la gran producción sudamericana que está a punto de dar un récord productivo en su conjunto y de la cual estamos a tan sólo unas semanas de empezar a ver ese abasto buscando destino.

En el camino, los estadounidenses, al menos en papel, han logrado bloquear algo de ese mercado mundial vía el acuerdo fase 1 con China, que de respetarse cabalmente dejará a los estadounidenses algo cómodos en términos de producción y comercialización agropecuaria, lógicamente hay muchos asegunes, no es nuevo entender que con los chinos no terminas de negociar jamás, aun cuando te hayan firmado un contrato con sangre, siempre encuentran un vehículo de negociación por encima de la negociación, así que no es un trámite seguro.

Hoy, los estadounidenses ya empiezan a mirar con detalle la planeación de su nuevo ciclo agrícola. Este año, la Casa Blanca no le estará metiendo la mano al tema de subsidios según anuncio, pero nunca se sabe, especialmente en tiempos electorales.

Sea lo que sea, parece difícil que el productor estadounidense racionalice la ecuación de oferta y demanda, y que producto de ello deje tierra sin sembrar; todo lo contrario, vendrán a sembrar a manos llenas, especialmente cuando en teoría regresan a la escena de mercadeo agrícola y pecuario una vez que han cerrado el acuerdo fase 1 con China, el TLCAN segunda versión, un acuerdo comercial con Japón, y la búsqueda de uno inmediato con el Reino Unido que de manera oficial esta fuera de la zona comunitaria europea y se encuentra también en transición por si algo hacía falta.

Podríamos hacer más largo este tratado, pero los espacios son limitados; digamos que, en este momento, hay más variables regidas por el desconocimiento que por la mesurable planeación de mediano plazo y eso obliga a que se recurra a diversificación de carteras, reducción en exposiciones y resguardo en zonas de seguridad. La verdad es relativa, pero la neta es la neta, y la neta es que, mientras más seguro, más amarrado. Haz que tu acción gravite alrededor de márgenes y no de precios, porque los precios hoy son como una manguera sin bombero. ¿Estas en buenas manos?

Ánimo.