«La comunidad política más perfecta es una, en la que la clase media está en control, y supera en número a las otras clases».

Aristóteles.

Apesar de la recuperación económica, la pandemia del Covid-19 deterioró las expectativas de las familias y muchas consideran que los niños se encontrarán en peor situación financiera que sus padres, según una encuesta del Pew Research Center realizada del 1 de febrero al 26 de mayo de 2021, entre 18,850 adultos en 17 economías avanzadas. El 64% afirma que cuando los niños crezcan, se encontrarán en peor situación financiera que sus padres, mientras que alrededor de un tercio (32%) dice que los niños se encontrarán en mejor situación que la generación de sus padres. Solo en Singapur y en Suecia, la mitad o más mantiene esa visión optimista.

La mayoría evalúa positivamente a las economías en los países del norte de Europa, como Suecia (86%), Holanda (69%) y Alemania (60%), así como en Singapur (69%) y Taiwán (56%).

Aproximadamente tres cuartas partes de los habitantes de Australia y Nueva Zelanda, donde los casos de Covid-19 se han mantenido relativamente bajos, dicen que la situación económica es buena.

En la mayoría de los países encuestados, quienes apoyan al partido o a la coalición gobernante, tiene más probabilidades de decir que la economía es buena en comparación con quienes no apoyan al partido gobernante.

Cuando se trata de la recuperación económica posterior a la pandemia, el estudio encuentra que las opiniones varían ampliamente, con una mayoría en los Estados Unidos, Japón y gran parte de Europa criticando a sus sistemas económicos. En México ha comenzado a suscitarse un debate sobre si es o no, un país de clases medias. Algunos argumentos se basan en los porcentajes de la población con acceso a los bienes de consumo duraderos, como los productos electrodomésticos y los de alto cEn México ha comenzado a suscitarse un debate sobre si es o no, un país de clases medias. Algunos argumentos se basan en los porcentajes de la población con acceso a los bienes de consumo duraderos, como los productos electrodomésticos y los de alto contenido tecnológico (telefonía celular); otras mediciones se basan en criterios económicos para establecer rangos de ingreso.

Los resultados obtenidos al término de la primera década del siglo XXI, muestran que en 42.42% de los hogares vive el 39.16% de la población considerada de clase media. En el 2.5% de los hogares considerados de clase alta vive el 1.7% de la población, mientras que en el otro extremo del espectro social considerado de clase baja, se tiene al 55.1% de los hogares donde desarrolla su vida el 59.1% de la población.

Es importante precisar que la clase social baja no es sinónimo de pobreza, no necesariamente todos los miembros de la clase baja son pobres en el sentido de que caigan por debajo de un umbral de ingresos, y de acceso a bienes y servicios públicos que les impida ejercer sus capacidades básicas como miembros de la comunidad.

Del mismo modo que hay individuos marginados de los mercados de trabajo, así como trabajadores depauperados, hay familias trabajadoras no pobres vinculadas a los mecanismos de seguridad social, protección al trabajo y acceso a los bienes públicos.

Eventos catastróficos al interior del hogar, como la pérdida súbita del principal proveedor o la presencia de una enfermedad o accidente grave entre sus integrantes, pueden ser factores decisivos para que ese segmento incurra en pobreza, lo mismo que un episodio de hiperinflación o una recesión económica profunda en el plano macroeconómico.