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Opinión

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La Cultura de la Paz, Elecciones sin Electores

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Pascual Hernández Mergoldd

Lo preocupante no es la perversidad de los malvados sino la indiferencia de los buenos.                                                            

Martin Luther King

Varios indicadores revelan que nuestra sociedad se caracteriza por ser apática e indiferente, a veces parecemos deshumanizados y hasta cobardes. La apatía de la gran mayoría de la ciudadanía tiene en el abstencionismo una de sus más nocivas expresiones.  

La ciudadanía se refiere a la condición jurídica y política que otorga derechos y deberes a los miembros de una comunidad. Es un concepto que ha evolucionado a lo largo del tiempo, desde su origen en la antigua Grecia hasta las sociedades modernas. Ser ciudadano implica tener ciertos derechos y responsabilidades dentro de una comunidad. Entre los derechos se encuentran la libertad de expresión, el derecho a los servicios públicos de salud, a una educación de calidad, a la seguridad en sus personas y en sus bienes, a un trabajo digno y el derecho al voto, entre otros. Las responsabilidades incluyen respetar las leyes y normas establecidas, participar activamente en la vida comunitaria y contribuir al bienestar de la sociedad. En términos generales, la ciudadanía implica la participación activa y respetuosa en la vida de un tejido social y de una comunidad. Los elementos fundamentales de la ciudadanía son la igualdad ante la ley, la libertad individual y colectiva, y la solidaridad social. Estos elementos permiten a los ciudadanos ejercer sus derechos y cumplir con sus deberes de manera responsable y consciente.

Para ser un buen ciudadano es necesario tener una actitud proactiva y comprometida con los valores de la comunidad. Esto implica estar dispuesto a trabajar en equipo, respetar las opiniones de los demás y buscar soluciones que beneficien a todos los miembros de la comunidad como es el participar en los procesos electorales. No es casual que entre los derechos más importantes se encuentra el derecho al voto, que también es una obligación ciudadana.

En las democracias representativas como la nuestra el voto, además de ser un derecho y una obligación, es el mecanismo más importante que tenemos los ciudadanos para elegir a quienes ocuparán los cargos de representación popular. 

Al optar por el abstencionismo electoral, millones de personas dejan que otros elijan por ellos a sus autoridades, so pretexto de no confiar en los partidos políticos o su desinterés, apatía e indiferencia por la política, sin importarles que quienes obtengan la mayoría de votos ejerzan sus cargos de manera nociva a su persona, familia, comunidad, municipio, entidad federativa y al país, según corresponda.

El pasado domingo los ciudadanos de los estados de Coahuila y de México tuvieron la oportunidad de expresarse con su voto. Era fundamental salir a votar, el abstencionismo de casi la mitad de los electores en el Estado de México significó dejar que otros tomaran la delicada decisión del futuro de ese estado, de sus habitantes, de sus hijos y de sus nietos. En el Estado de México, con el padrón electoral más grande del país, salió a votar menos de la mitad de los ciudadanos; en Coahuila la participación fue del 56.4 %. 

En las elecciones nacionales de 2018 la participación fue del 62%, y en las de 2021 el porcentaje de participación fue del 52.5%.

En contraste, en las elecciones generales celebradas en noviembre del año pasado en Dinamarca la participación ascendió al 84.14 % del padrón electoral, lo que revela que los ciudadanos daneses sí ejercen sus derechos y no delegan las grandes decisiones vía el abstencionismo. Podemos afirmar que los daneses saben ser mejores ciudadanos que nuestros potenciales electores que optan por abstenerse. En resumen, ni somos como los daneses ni tenemos los servicios médicos como los que ellos disfrutan y que frecuentemente ofrece el inquilino de Palacio Nacional, esa es nuestra frustrante realidad. 

Los ciudadanos sólo somos instrumentos de los partidos políticos para votar por los candidatos que sus jerarcas postulan en los procesos electorales y para que financiemos, con los impuestos que pagamos, dietas y salarios de funcionarios de elección popular y las prerrogativas de sus institutos políticos. 

Eso es posible porque nuestra cultura cívico democrática, que forma parte de la cultura de la paz, es de muy bajo nivel. Cuando se acude a votar, quienes lo hacen, la mayor parte de las veces no piensan, no reflexionan ni analizar trayectorias ni propuestas de candidatos. Prácticamente se decide el voto, en su caso, hasta que se tiene la boleta en la mano, muchas veces movidos por una fuerza emocional que ignora argumentos. Últimamente, también bajo la influencia de las dádivas gubernamentales y la advertencia de perderlas si no se vota por el partido o coalición oficialistas, así como por amenazas de la delincuencia organizada. Se dice que en las zonas de influencia del cártel conocido como la Familia Michoacana en el estado de México, el temor a la violencia contribuyó a una menor afluencia de votantes el pasado domingo.

Hoy urge tomar conciencia de que el gobierno no cumple con los derechos de la ciudadanía tales como la libertad de expresión, a los servicios públicos de salud, a una educación de calidad, a la seguridad en sus personas y en sus bienes y a un trabajo digno. Parece que nos sumerge en una gran tragedia nacional en lo político, en lo económico y en lo social que ya ha cobrado cientos de miles de vidas. 

Urge sacudirnos la apatía, el desinterés y la deshumanización y demostrarnos que podemos estar unidos y fuertes. Esas alarmantes cifras de abstencionismo deben de disminuir para el proceso electoral de 2024, en el que habremos de elegir Presidente de la República, Senadores y Diputados Federales, principalmente, y ello depende en mucho de que los partidos políticos, que todos patrocinamos, presenten propuestas serias, sustentadas y realistas que hagan atractivos a sus candidatos. Hasta ahora no existen planteamientos de ningún partido ni alianza.   

Evitemos transformarnos en una sociedad fallida, en la que a cada quién sólo le interesa lo que ocurre en su pequeño mundo, pues entre más divididos, seremos más débiles. 

*El autor es abogado y mediador profesional.

phmergoldd@anmediacion.com.mx

Twitter: @Phmergoldd

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