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La Cultura de la Paz, Discordias Septembrinas

"Hay que buscar serenar los ánimos. No debe haber campañas de linchamiento".
AMLO
Hoy recordamos los terremotos del 19 de septiembre de 1985 y de 2017 que significaron muerte y destrucción. En ambos acontecimientos pudimos experimentar extraordinarias experiencias de contagios positivos en nuestro tejido social que mostraron una sociedad amistosa, hospitalaria, fraternal y solidaria en apoyo a los afectados para superar esas crisis, situación muy distinta de la polarización y de la apatía que hoy nos aquejan.
El ambiente de polarización que se ha impulsado desde Palacio Nacional ha provocado efectos nocivos y creado condiciones para que seguidores del mandatario ataquen a quienes señala como sus opositores.
Existen varios ejemplos. Uno de ellos fue el atentado perpetrado en contra de un reconocido periodista el año pasado, cuyo atacante –seguramente- quiso hacerle el favor al presidente de eliminarlo, al ser uno de los blancos que menciona frecuentemente en sus mañaneras, como enemigos de su régimen. Otro, es el que se pudo observar la semana pasada cuando simpatizantes del mandatario y de su candidata exigieron que la casa de la virtual abanderada de la oposición fuera demolida, entre otros frecuentes ataques.
Todo indica que el modelo de combate que pretenden replicar es el del dictador nicaragüense quien, entre otras arbitrariedades, despojó de su casa a una prestigiada escritora de ese país por considerar que todo opositor a su régimen es un traidor a la patria al que le puede quitar su patrimonio, su nacionalidad y su vida, como lo ha hecho reiteradamente.
Un tercer caso fue una acción de “bullying escolar” realizado, con la máxima difusión en medios, desde Palacio Nacional para justificar la llamada “nueva escuela mexicana”, que consistió en la aparición de una maestra cantando y bailando durante la presentación de los polémicos libros de texto, que pretendió ridiculizar a los niños que obtienen buenas calificaciones, que se proponen aprender, lograr un buen rendimiento escolar y prepararse para tener éxito en la vida y rechazar esa absurda idea de que “ser pobre es una virtud”, que les pretenden imponer.
Las celebraciones de las fiestas patrias se han caracterizado por ser un motivo de festejo, de encuentro y de unión. En 1825 fue la primera ocasión en que el 16 de septiembre tomó forma de fiesta nacional, las autoridades de la capital solicitaron a los ciudadanos iluminar sus casas, ventanas y balcones y adornarlas con cortinas, banderines y gallardetes. El primer presidente en dar el Grito fue Guadalupe Victoria. Desde entonces lo dan gobernadores, alcaldes, embajadores, padres de familia, maestros y artistas, entre otros, en sus respectivos escenarios.
A pesar de que se trata de la fecha de mayor importancia del calendario cívico mexicano, la ceremonia del Grito en Palacio Nacional carece de un protocolo oficial regulado. Sin embargo, se ha desarrollado en medio de un ambiente solemne basado en una tradición institucional que se había consolidado con el paso de las décadas, de tal suerte que se le ha considerado como una ceremonia de Estado, a la que acudían los representantes de los tres poderes de la Unión, correspondiendo al Ejecutivo decir la arenga y tañer la histórica campana de Dolores.
Sin embargo, este año los festejos oficiales también fueron contaminados por la polarización. Por primera vez no fueron convocadas las representantes de los poderes Judicial y Legislativo ya que el mandatario decidió no invitar a las presidentes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, de los Senadores ni de los Diputados al Grito ni al desfile del 16 de septiembre en un gesto de desprecio por la división de poderes y las instituciones, así como de misoginia. Sólo le acompañaron militares del más alto rango y algunos colaboradores y sus parientes, como si fuera una fiesta personal o de su partido. Por cierto, parece un desatino y resulta inquietante que hayan desfilado contingentes militares de Rusia, cuyo ejército ha cometido genocidio en Ucrania; así como de Cuba, Nicaragua y Venezuela, provenientes de dictaduras que reprimen a sus pueblos.
Con esas acciones el mandatario confirma que su actuar difiere de lo previsto en el “Compromiso de Santiago” que firmó la semana pasada en Chile, junto con otros presidentes en funciones, expresidentes latinoamericanos y otras personalidades, que busca cuidar y defender la democracia, respetar la Constitución, las leyes y el Estado de Derecho ante amenazas autoritarias y la intolerancia.
Habitamos un territorio minado por el comportamiento del mandatario, algunos de sus colaboradores, gobernadores, legisladores, integrantes de los partidos oficialistas y simpatizantes, orientado a la desestabilización, a romper el equilibrio y a crear disputas. Parecen adictos a la discordia.
Lo más grave de todo esto es que el tipo de acciones, como las comentadas que afectan a todos, son posibles debido a la apatía y dejadez de la gran mayoría, en muchos casos, por cobardía, una falsa comodidad o por la infundada amenaza oficial de cancelarles los beneficios gubernamentales.
Actos como los descritos serían suficientemente indignantes en otros pueblos para generar un escándalo nacional y protestas, aquí no pasa nada.
Si bien es cierto, la pasividad es el conformismo en su máxima expresión. Debemos reconocer que, en buena medida, la inactividad y falta de reacción se debe al temor de ser alcanzados por la violencia que arrebate la integridad física; la vida personal o de los seres queridos; la pérdida del empleo; la pérdida del patrimonio; la pérdida de la salud, y la invasión de pueblos por delincuentes, entre otras amenazas. No debe ignorarse que el miedo es también una fuente de conflictos.
Estamos obligados a evitar que en el país en el que vivirán nuestros hijos y nietos sigan avanzando la brutalidad, la inequidad, el salvajismo, en mucho alentados por la dejadez, la pasividad y la permisividad de una gran mayoría.
Es urgente e indispensable la recuperación de una cultura de la paz que propicie la concordia, lo cual sólo es posible con un contagio positivo que generalice la práctica proactiva del diálogo en todos los ámbitos de interacción social, para lo cual la participación de todos es indispensable.
*Abogado, negociador y mediador
Twitter @Phmergoldd

