Para buscar cambiar la regulación, la legislación y hasta la Constitución, nadie puede cuestionar la ambición y dedicación del equipo directivo de la CFE. Desde que presentó su ‘pliego petitorio’ en 2019, el equipo liderado por Manuel Bartlett no ha parado. Ha logrado orquestar al menos 7 acciones de gran calado para buscar que se les asigne mayor preponderancia sin tener que mejorar su perfil de operación: las modificaciones a los CEL, el acuerdo del Cenace, el decreto Nahle, el acuerdo 037 de la CRE, la ley combustóleo, el ‘curtailment’ selectivo y ahora la reforma a la Constitución.

En el proceso, han cambiado a las cabezas de órganos independientes, como la Conamer y el Cenace, imponiendo a su gente. Han movilizado a los legisladores de una bancada entera, que pasaron una ley entera “sin cambiarle ni una coma”. También han desplegado una campaña de propaganda sin precedentes —no sólo por la cantidad de conferencias de prensa (incluyendo mañaneras) y boletines de prensa, sino por su contenido. ¿Qué otra empresa se dedicaría a denostar a clientes perdidos como si fueran evasores del fisco? ¿O a usar, ahí en presencia de su director general, oficios falsificados?

En su campaña por conquistar terreno político, son imparables e implacables —quizás de clase mundial. Pero ya en la operación de la empresa, en el aterrizaje a indicadores y resultados, olvídense de la visión. Parece que no hay ni las simples ganas de mejorar. Mucha política y poca administración.

En los últimos tres años, la CFE prácticamente no ha ampliado la red eléctrica. No es porque no se necesite. La demanda por electricidad en México crece en un 3 por ciento anual y, cada vez que hay un apagón, la CFE se queja de que la red es frágil e insuficiente. Pero eso no se ha traducido ni en planes ni en acciones constructivas. Aún si se cumplen todos los planes anunciados este año al 100 por ciento, habrá incrementado la red de transmisión en este sexenio en 0.4% por año. Las adiciones de capacidad de transformación total tampoco llegan ni a uno por ciento anual. 

Claro que la campaña de la CFE está enfocada en la generación de electricidad. Así que, si vamos a evaluar lo que sería la soberanía energética en acción, lo justo sería hacerlo aquí. Por disonante que suene en medio de un contexto grandilocuente, los planes anunciados por la CFE no son suficientes ni para cubrir el crecimiento en la demanda. Apenas este año confesaron que quieren agregar, en lo que queda del sexenio, unos 4,500 MW a la capacidad instalada – eso es un 5 por ciento de lo que hoy hay. Y no precisamente con la mejor composición: apenas 4.3 por ciento de la nueva capacidad instalada por CFE será limpia (hidroeléctrica). El resto usará gas, que bajo las políticas actuales seguirá siendo importado abrumadoramente de Texas. Ni con el masivo proyecto solar que anunciaron para Sonora – por cierto, desordenadamente, fuera de ciclo, a pesar de las insistencias de la secretaria Nahle -- llegarían a 25 por ciento de adiciones de capacidad limpia. Hay que recordar, además, que hoy por hoy un reprobable 0.034% de la generación propia de CFE es a partir de energía eólica o solar. ¿Dónde quedó la transición energética? ¿Y la autosuficiencia soberana?

Legisladores, dense cuenta. El equipo más político de la CFE en toda su historia está en campaña, pidiéndoles que le entreguen —a nombre del pueblo de México— ni más ni menos que el sector eléctrico en su totalidad. Ya ni porque están en campaña prometen mejorar.

@pzarater

Pablo Zárate

Consultor

Más allá de Cantarell

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