No se trata solamente de un asunto económico, la insistencia mexicana de no recortar la producción petrolera más allá de 100,000 barriles diarios tiene que ver más con la obstinación presidencial de no dar un paso atrás en lo que él considera como la panacea para llevar a México a la Cuarta Transformación.

Andrés Manuel López Obrador se fijó la meta de aumentar la producción de petróleo en México y ninguna pandemia ni la recesión que provoca se van a atravesar en su camino para impedirlo.

Cuando la representación de México se levantó de la mesa de negociación de los países petroleros, integrantes o no de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), pocos daban crédito a lo que sucedía.

Un productor mediano, con la empresa petrolera más endeudada del mundo, no era capaz de comprender la necesidad de apuntalar los precios para que en una matemática simple llegara a la cuenta de que se obtiene más dinero con menos petróleo si se rescata el precio derrumbado por la pandemia del Covid-19.

No daban crédito a la manera en que una empresa como Pemex, que tiene costos de producción en algunos pozos que hoy son superiores al precio que paga el mercado por cada barril, no aprovechara la oportunidad de poner en pausa esa producción con la que pierde dinero, y todo sin un costo político interno.

Algunos ya tenían referencia de la forma en la que en estos tiempos se toman decisiones en México, pero realmente nadie, hasta ese momento, pensaba que ese gobierno de corte populista pudiera llegar a afectar un tan trascendente acuerdo global.

¿Qué tuvo que prometer el presidente López Obrador al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para que éste negociara con algunos productores privados de petróleo de su país una baja de 300,000 barriles diarios?.

La opacidad de estos tiempos para tener acceso a la información pública nos hará difícil saber cuál fue el precio, hasta que lo cobre Donald Trump.

Lo que sí sabemos es que quedó una mala impresión entre los otros países petroleros. Porque, efectivamente, como lo presumió el propio presidente López Obrador, México recibió un trato preferencial que otros países en peores condiciones económicas que el nuestro no recibieron.

Pero esto puede no parar ahí, sobre todo cuando los más enojados fueron los más poderosos del grupo de productores. Arabia Saudita le puede cobrar a México y muy fácil.

Aramco, la productora de petróleo saudí, recién publicó los precios del crudo tras el acuerdo y vemos una práctica que hay que considerar: tiene precios diferenciados para un mismo producto.

Descuenta más a los asiáticos que a los estadounidenses y con esta política puede subsidiar su precio en los mercados en los que México venda su crudo y sacarlo del mercado, usando una de las máximas del presidente mexicano: “Tenga para que aprenda”.

La enésima mala decisión de la 4T, caprichosa y arbitraria, superó las fronteras mexicanas y las consecuencias pueden ser muy malas para la economía del país.

ecampos@eleconomista.com.mx

Enrique Campos Suárez

Conductor de Noticieros Televisa

La Gran Depresión

Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, con especialidad en finanzas por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y maestro en Periodismo por la Universidad Anáhuac.

Su trayectoria profesional ha estado dedicada a diferentes medios. Actualmente es columnista del diario El Economista y conductor de noticieros en Televisa. Es titular del espacio noticioso de las 14 horas en Foro TV.

Es un especialista en temas económico-financieros con más de 25 años de experiencia como comentarista y conductor en radio y televisión. Ha formado parte de empresas como Radio Programas de México, donde participó en la radio empresarial VIP. También formó parte del equipo directivo y de talento de Radio Fórmula.

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