Si la economía mundial evoluciona como se espera, 2022 será un año de recuperación y reparación. Los temores de inflación disminuirán, los precios de los activos se mantendrán firmes y los bancos centrales y las autoridades fiscales retirarán gradualmente los apoyos de emergencia.

Con un poco de suerte, veremos el 2022 como el año en que el virus Covid-19 se controló y la economía se recuperó de la pandemia.

Este optimista escenario, sin embargo, pasa por alto lo que resultará ser un legado doloroso y duradero de la pandemia: un incremento en la desigualdad. Según un estudio reciente del FMI, con base en epidemias de este siglo, las epidemias aumentan la desigualdad de ingresos y estos efectos perduran durante muchos años después del inicio de la epidemia. Sabemos que el virus covid es el “gordo” de las pandemias que resultó en la mayor dislocación económica desde la Gran Depresión. Si los resultados del estudio del FMI sirven de guía, la actual pandemia tendrá un impacto prolongado, adverso y severo en la desigualdad.

A diferencia de los datos macroeconómicos, que son oportunos, una imagen confiable de la desigualdad tardará en surgir dado el rezago en las observaciones y la publicación de los datos sobre la distribución del ingreso. Aun dejando de lado los problemas de datos, emitir conclusiones contundentes sobre desigualdad es complicado por dos razones más.  En primer lugar, debemos tener claro el tipo de desigualdad. ¿Estamos hablando de riqueza o desigualdad de ingresos o salud o tal vez desigualdad en la huella de carbono? ¿Estamos comparando la desigualdad a nivel individual, a nivel de hogar o a nivel de país? ¿Estamos examinando la riqueza del sector privado en relación con la riqueza del Estado?

Luego está la cuestión de la medida específica que se puede implementar para medir la desigualdad. ¿Es el conocido coeficiente de Gini o el índice de Theil? La respuesta dependerá entonces de la parte de la distribución que se esté midiendo. 

Comencemos con los datos que ya tenemos. Según el último Informe sobre Desigualdad Mundial, la caída de los ingresos fue uniforme, y por lo tanto la desigualdad no aumentó, entre los países ricos y los países de bajos ingresos. Pero, lo que realmente importa para un individuo es la distribución de la riqueza y los ingresos dentro de un país. Los primeros indicadores ya apuntan a un aumento alarmante de la desigualdad dentro de los países con los pobres cada vez más pobres y los ricos cada vez más ricos. Por ejemplo, unos 100 millones de personas cayeron en la pobreza extrema en los últimos dos años según un análisis del Banco Mundial, sumándose a los 650 millones de 2019. 

Lo que es particularmente sorprendente es la evolución casi al mismo tiempo en el otro extremo del espectro. Este Informe calcula que la riqueza de los multimillonarios del mundo creció un asombroso 50% entre 2019 y 2021, cuando la riqueza global promedio aumentó solo un 1%. Otro factor clave es la intervención de los gobiernos en los países de alto ingreso para apoyar a los hogares de bajos ingresos que, si bien evitaron una afectación mayor de grupos vulnerables, han tenido un costo enorme para las finanzas públicas, es decir, los gobiernos son más pobres en relación con el sector privado.

El legado perdurable de la pandemia incluirá las cicatrices de la pérdida de empleos, el agotamiento de los ahorros, la mortalidad, la morbilidad y las interrupciones en la educación de los niños. Las consecuencias de la pandemia permanecerán con nosotros durante mucho tiempo, políticas públicas enfocadas a la reducción de la desigualdad deben de ser prioritarias.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.

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