“En informática, un programa Hola mundo es el que imprime el texto ‘¡Hola, mundo!’ en un dispositivo de visualización, en la mayoría de los casos una pantalla de monitor. Este programa suele ser usado como introducción al estudio de un lenguaje de programación, siendo un primer ejercicio típico, y se considera fundamental desde el punto de vista didáctico.

“En algunos lenguajes, configurar un conjunto de herramientas básicas completo desde cero hasta el punto en que los programas triviales puedan ser compilados y ejecutados involucra una cantidad de trabajo sustancial. Por esta razón, generalmente es usado un programa muy simple para probar un nuevo conjunto de herramientas.

“En los sistemas basados en microcontroladores empleados para el aprendizaje, se suele considerar Hola mundo al programa que permite poner en modo intermitente un LED. El programa consiste en mandar alternativamente un nivel alto y uno bajo por uno de los puertos del sistema, dando a cada uno de dichos niveles un valor de retardo”.

Siempre me ha fascinado observar a mis hijos crecer. La mente de un niño es infinitamente más compleja de lo que pensaríamos imaginar. Desde las ideas más creativas hasta la ejecución más absurda, no dejan de sorprenderme todos los días. Hace poco leí un artículo que me llamó mucho la atención. ¿Qué pasaría si los algoritmos de inteligencia artificial (IA) tratan de simular el cerebro o la mente de un niño en vez del cerebro de un adulto? Quizá, con un poco de imaginación y el entrenamiento adecuado, como lo podría ser la educación académica para un niño, el algoritmo podría ir aprendiendo hasta llegar más bien a simular la mente de un adulto.

Sin embargo, independientemente de la cantidad de aplicaciones especializadas y predicciones acertadas, seguimos a kilómetros de distancia de encontrar un programa que verdaderamente simule una mente, incluidas mentes menos complejas que las de un humano.

El tema a abordar tiene más que ver con la idea de simular el cerebro de un niño. Quizá se piense que es infinitamente menos complejo que el cerebro de un adulto y por ello infinitamente más fácil de programar. En la universidad de Berkeley, investigadores están en búsqueda de responder la siguiente pregunta: ¿Qué tan sofisticados son los niños como aprendices?

Una de las diferencias más interesantes entre un niño de 4 años y el mejor algoritmo de IA es que los niños con pocos ejemplos son extremadamente buenos en generalizar, mientras que los algoritmos de IA se encuentran del lado opuesto: pueden encontrar estructuras clave de inmensas bases de datos que ningún ser humano pudiera ser capaz de procesar. Al contrario de los niños, que generalmente aprenden a actuar en millones de tareas distintas con poca o cero supervisión, a un algoritmo de machine learning o IA le necesitas codificar una señal supervisada para reforzarlo de manera constante mientras aprende.

Por ejemplo, en el momento de identificar una imagen, los algoritmos necesitan de inmensos sets de imágenes mucho antes de que puedan realmente distinguir objetos, mientras que evidentemente los niños únicamente necesitan uno. Los niños en realidad tienen una capacidad de abstracción muy interesante. Sus mentes, como la de los adultos, se pueden preguntar cosas como “¿qué sucederá si toco el foco prendido?” o “¿qué pasará si me pico con una aguja?”. Al final del día los niños tienen la capacidad de cuestionarse y, por deducción propia basada en experiencia empírica, de anticipar y solucionar sus propias dudas. Incluso en la era de la revolución tecnológica que estamos viviendo este nivel de abstracción aún hoy continúa siendo demasiado sofisticado para una computadora. El niño logra concluir el patrón de causa y efecto y la computadora aún requiere mucho para poder hacerlo. El hecho de que un niño pueda responder con asertividad que al tocar el foco encendido se quemará la mano porque está encendido y no porque es de metal pudiera simular ser sentido común, pero hoy en día ningún algoritmo es capaz de simular este entendimiento tal cual lo hacemos los humanos. La mente de un niño va de habilidades racionales hasta la asimilación de nueva información, y logran identificar lo que es verdad partiendo de su conocimiento previo.

Me parece que la curiosidad es el atributo ganador de los niños, y el que poco entendemos en realidad. Es más, me atrevería a decir que es la curiosidad lo que hace que los niños de alguna manera sean más astutos que los adultos. Sin embargo, eso es otro tema que con gusto retomo en otro momento.

Con todo el avance que se ha visto en la tecnología y especialmente en machine learning e IA y simultáneamente el desarrollo y avance que se ha llevado a cabo en psicología infantil en los últimos 70 años, la mente de un niño continúa siendo un terreno completamente desconocido. Probablemente al día de hoy no entendamos de manera concreta como es que los niños logran ser flexibles, adaptativos y aprendices efectivos. Entender el proceso de aprendizaje y las mentes de niños seguramente nos podrá ayudar en el mejoramiento de los algoritmos. Sin embargo, me parece infinitamente más interesante que nos ayude a entender a los niños de hoy para así construir mejores seres humanos, más felices, más en contacto consigo mismos y mucho más humanos.