Atres años del colapso financiero global, persiste un fuerte grado de incertidumbre sobre el rumbo del futuro económico mundial. Grecia y Portugal siguen al borde de un precipicio de deuda; España e Irlanda, hace pocos años modelos a seguir, también se tambalean, e Italia, con su problema crónico de deuda pública. Y la economía estadounidense, sin definición en materia de su techo sobre una deuda que ya alcanza la totalidad de lo que produce anualmente.

Ahora, para colmo ontológico, un escándalo sexual en la parte más alta del rescatista de última instancia global.

Este entorno de incertidumbre exige tomar con plena seriedad las palabras de observadores como Carmen Reinhart, la famosa economista que, junto con Ken Rogoff, publicó el magnum opus titulado This Time Is Different. De hecho, Reinhart advierte que la frase esta vez es diferente es una de las proposiciones más peligrosas en las finanzas globales. A casi tres años de la erupción de la crisis financiera global, los problemas alrededor del crecimiento, la mentalidad deflacionaria y la falta de nuevas fuentes de empleo han generado divergencia y desesperación entre países que persiguen una elusiva varita mágica para solucionar sus problemas económicos. Estas soluciones mágicas, dice Reinhart, no existen. Las consecuencias de la crisis tenderán a ser complicadas y prolongadas. Una expansión económica basada en endeudamiento y expansión de crédito tiende a generar, después de una crisis, un episodio de reestructuración similar en duración. Para las economías desarrolladas ello puede significar una cruda económica caracterizada por una década de bajo crecimiento y alto desempleo -junto con los posibles riesgos inflacionarios de las agresivas medidas contra-cíclicas, como QE y QE2-.

El verdadero legado de las crisis financieras, según su criterio, es el aumento de la deuda pública. La ausencia de un marco general de estrategias para llevar a cabo el doloroso proceso de desendeudamiento representa la principal preocupación en el escenario macroeconómico -una lección que ya aprendimos en la economía mexicana, aunque nos costó una generación devaluada.

Reinhart también comparte una sabiduría capital: existe una tentación básica de pensar que los buenos resultados son consecuencia de una acción política y los malos el efecto de un accidente fuera de nuestro control. Pero los choques negativos no son necesariamente temporales y ello exige reconocer que no hay una solución instantánea, que el error principal en estrategia económica es no reconocer los errores que generaron la crisis.

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