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Feliz 2010
Empieza apenas febrero del 2009, pero los equipos de trabajo de las paraestatales gubernamentales ya tienen que estar laborando en sus presupuestos de inversión para el 2010. El marco estructural del sector eléctrico está ya listo para la ocasión y éste no tendría problemas para expandirse; el sector petrolero deberá hacerlo dentro del marco jurídico que quedó de la polarización cultural por la que el país atravesó durante el año pasado.
Mientras que la obra pública financiada y el productor externo de energía garantizarán el crecimiento de la infraestructura eléctrica, lo decidido por el Congreso de la Unión como mecanismo de inversión para el sector de los hidrocarburos tendrá que enfrentarse con la dura realidad de menores ingresos y por ende, menor disponibilidad de dinero para reponer las reservas petroleras y construir las plantas y los ductos que los partidos políticos decidieron mantener en exclusiva para nosotros, los mexicanos.
Ante la expectativa que nos crearon sobre cómo lo aprobado sería holgadamente suficiente para lograr objetivos que iban desde garantizar el suministro de gasolinas hasta abatir el déficit en fertilizantes, como sociedad requeriríamos que el Congreso de la Unión estuviera pendiente de que la nueva estructura administrativa del sector haga lo necesario para que el dinero no falte para todos y cada uno de los rubros del diagnóstico presentado por Pemex a los legisladores en el 2008.
Siendo así, la última parte de la LX Legislatura y la primera de la LXI, debieran ser testigos de un inusitado desarrollo de plantas para que las refinerías actuales produzcan combustibles de especificación ecológica de primer mundo, una nueva refinería, cerca de 2,000 kilómetros de ductos para productos refinados, obras conducentes a la reposición de la producción de un millón de barriles de crudo y muchas más de diversa índole y calibre.
Si no fuera así sería una primera muestra de que el país habría sido condenado a que la exclusión del sector privado de las actividades petroleras se hubiera convertido en una soga al cuello para el crecimiento económico y el gasto gubernamental.
En cualquier sentido, si fue la Secretaría de Hacienda quien contrató la póliza que garantizó las exportaciones de crudo a 70 dólares, entonces Pemex habrá vendido petróleo este año a un precio promedio que rondaría los 30 y tantos dólares, y sus utilidades retenidas para financiar obras de expansión a partir del 2010 corresponderán a ese hecho. Y no a aquellas de vender a 70 dólares.
Para el 2010 la realidad del país será la de ingresos reducidos porque el precio del petróleo será menor y porque la producción del mismo también será menos.
Esto no es tanto un problema para la viabilidad de Pemex, porque aun si la mezcla mexicana de crudo se estabilizara en 30 dólares y dentro del nuevo marco de administración y relación con la Secretaría de Hacienda, estaría en una situación similar a la de cualquier petrolera, o sea bastante holgada de todas formas.
El verdadero problema será para el fisco y para la asignación de recursos al gasto público.
La deficiencia presupuestaria tendría que ser aceptada y reflejada en menores servicios prestados por el Estado o subsanada mediante un mayor endeudamiento del sector público.
A menos que el sector turismo o las remesas de inmigrantes enderecen el barco, el 2010 indefectiblemente será muy complejo para las finanzas públicas.
Las reformas hacendaria y energética posibles, aprobadas en lugar de las necesarias, nos pasarán la factura de su desafortunada mediocridad.
*Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros mexiconecesitaingenieros@gmail.com