Para todo este año las exportaciones mexicanas, junto a la Inversión Extranjera Directa recibida de varios países, pero esencialmente de Estados Unidos, así como las remesas en dólares que envían los trabajadores mexicanos que laboran en Estados Unidos, podrían sumar 250,000 millones de dólares, monto que en condiciones de recuperación económica es muy positivo.

Tanto las exportaciones como las importaciones y la Inversión Extranjera Directa en plantas y equipos, entran al proceso de crecimiento económico. Y el monto de remesas que en este año ha marcado un récord histórico, producto de la recuperación económica en EU podrían llegar a 50,000 millones de dólares en todo el 2021. Éstas se van directamente al apoyo de la economía familiar de los trabajadores que emigran. La familia es el destino.

La exportación de mano de obra mexicana expresa una competitividad espuria por los bajos ingresos obtenidos en comparación con los que reciben la población blanca y la negra. A los trabajadores mexicanos los contratan porque no tienen que pagarles el salario mínimo, ni darles una vivienda digna, ni otorgarles condiciones adecuadas de salud. Lo dramático es que a nadie se le puede pedir ayuda por el miedo a la deportación. Se les acepta como trabajadores, no como ciudadanos.

Diversos estudios realizados por el Banco Mundial y la ONU señalan que las remesas representan, comparativamente, con la Inversión Extranjera Directa un ingreso estable ya que no tienen que ver con el mercado financiero ni con la especulación. Además, ellas se van directamente al gasto de las familias receptoras que viven en condiciones de pobreza y que no tienen otros ingresos. En todo el país, en las áreas periféricas de los pueblos se ven las construcciones de nuevas viviendas con tabique gris, mismas que son habitadas por los familiares de los indocumentados.

En México hay 2,300 municipios que reciben las remesas, y representan 90% del total de municipios del país. Las remesas benefician a más de un millón de hogares.

La marginación social  hacia dónde se orientan las remesas comprende tres aspectos:1) la falta de acceso a la educación lo que limita el conocimiento para ser productivos, 2) la condición precaria de las viviendas caracterizadas por no tener lo más elemental de los servicios y 3) la falta de ingresos.

Estas características hacen que la mayor parte de los recursos recibidos se vayan al consumo y a pagar deudas, y solo marginalmente a las viviendas.

La experiencia que muestran los municipios receptores de remesas es que se requiere rescatar valores perdidos como son la integración de las comunidades, el respeto al medio ambiente, hacer un esfuerzo educativo, para que la población mejore su capacidad productiva y de convivencia. Las remesas son la expresión de un fenómeno laboral y migratorio. Es la expulsión de población hacia espacios en donde pueden trabajar, a pesar del acompañamiento en el viaje de una visión dantesca y con un humillante mensaje de que hay vidas de segunda, reflejo de la tragedia de la condición humana.

La mano de obra mexicana, documentada o no, junto con los trabajadores de las maquiladoras, han contribuido de manera relevante al abatimiento de los costos de producción de los bienes y servicios de América del Norte, lo que les ha permitido mejorar su competitividad en los mercados mundiales. En el estado de California se produce la tercera parte de los productos agropecuarios de EU y en esa producción intervienen, de manera absoluta, trabajadores mexicanos, la mayoría indocumentados.

La cuestión migratoria es crucial en nuestras relaciones con EU. Su no solución integral es fuente constante de diferencias y desencuentros.

valores@eleconomista.mx

Sergio Mota Marín

Economista

Economía y Sociedad

Escritor y licenciado en economía, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México. De 1984 a 1990 fue embajador de México ante el Reino de Dinamarca, donde se le condecoró con la orden Dannebrog.

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