Algunos sectores han reaccionado con gran preocupación ante una eventual salida de Carstens de su posición en Banxico. Éstos y otros se cuestionan si la salida del Gobernador Central podría poner en peligro la estabilidad macroeconómica del país.

Si bien la oportunidad de asumir la Dirección General del FMI es reflejo del capital humano en materia económica que ha generado nuestro país en épocas recientes, así como del reconocimiento a Carstens, la preocupación mencionada es relevante ante la tendencia que existe de personalizar la estabilidad.

En teoría, sin embargo, la autonomía del banco central fue diseñada precisamente para evitar asuntos alrededor de personas y de personalismos. Sin duda, si Carstens llega a ser la elección para asumir el primer puesto en el FMI, tendríamos un proceso interesante y hasta divertido para ver quién queda en su lugar, si una personalidad externa, alguien elegido por el Ejecutivo, uno de los cuatro subgobernadores...

Quede quien quede, es importante considerar los principios que gobiernan el régimen de autonomía del banco central. Por un lado, el mandato constitucional es claro: el banco debe procurar la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda. Punto. No hay mandato de crecimiento, empleo, sustentabilidad, felicidad, equilibrios macroeconómicos. Es un mandato focalizado: lograr la estabilidad. Para ello, hay una Junta de Gobierno con cinco integrantes que votan sobre toda una serie de asuntos, incluyendo los instrumentos (como la tasa de interés) que se usan en el objetivo de lograr la estabilidad o la propia definición funcional de estabilidad del poder adquisitivo, que en el contrato monetario o el actual régimen de metas de inflación se define como un rango de inflación de 0 a 3% (con un margen de 1 por ciento). Recientemente, se ha dado una amplia discusión sobre la conveniencia de acumular más reservas internacionales. Empero, las decisiones son colegiadas, si bien el Gobernador tiene el voto de calidad en caso de un empate técnico.

En lo personal, contar con la presencia de Agustín Carstens al frente de una institución tan importante que ha funcionado muy bien como institución autónoma, es un activo de primer nivel. Si se va, debemos tener fe en que, quede quien quede, los pesos y contrapesos en el régimen de autonomía seguirán dando ese clima de relativa estabilidad, respaldando la expectativa de que los ingresos de hoy podrán comprar lo mismo mañana.

Al fin y al cabo, para eso se decidió adoptar la autonomía central, para que la estabilidad sea un asunto institucional y no personal.

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