La ministra de Exteriores del gobierno de España Arancha González Laya estuvo en México hace un par de días con el único objetivo de recordar al gobierno mexicano que ni el rey Felipe VI ni Pedro Sánchez van a pedir disculpas por lo que algunos individuos de algunas regiones del planeta hicieron o dejaron de hacer en Tenochtitlán hace algunos ayeres.

Han sido demasiadas críticas del presidente López Obrador en sus dos años de gobierno en contra de España, lo mismo al rey, al Congreso o a sus empresas energéticas. Han sido demasiadas anécdotas bélicas en contra de un país aliado en múltiples temas.

Para González Laya lo ocurrido durante la conquista es un “capítulo cerrado”. Así lo comentó en entrevista a Excélsior.

“Pasamos quizás demasiado tiempo mirando al pasado y no estamos invirtiendo suficiente en mirar al futuro”, le dijo a El País.

En efecto, los viajes al pasado se han puesto de moda en México.

Para hablar el mismo idioma del presidente mexicano, a Sonia Corona y Javier Lafuente, del periódico español, González Laya les comenta: “Somos dos naciones libres, independientes, muy orgullosas, pero que hemos estado trabajando juntas y hemos tenido momentos de verdadera hermandad”.

Libres e independientes. Es decir, nada de injerencia, por favor.

La funcionara española viaja a México adelantándose al 2021, año que será recargado de efemérides mexicanas, y por lo tanto, las tentaciones para reconstruir el pasado las veremos durante las conferencias mañaneras del presidente AMLO: los 500 años de la caída de Tenochtitlán y 200 años de la independencia.

Se adelanta a 2021 para que el presidente AMLO no dañe la relación: “A mí me gustaría que en estas efemérides pusiéramos también en valor lo que ha sido este pasado compartido: las luces y las sombras, que no pasa nada por poner también las sombras sobre la mesa. Eso nos tiene que llevar a imaginarnos no cómo fue el pasado, ya sabemos cómo fue el pasado, pero sí a cómo queremos construir a partir de ese pasado, un futuro. ¿A mí qué me gustaría? Que esta celebración de los 200 años supusiera un compromiso muy firme por parte de España y México de ser impulsores a nivel global de la protección de los derechos humanos, de las libertades individuales, de los derechos de las minorías, de las mujeres frente al feminicidio y la violencia”, comentó a los periodistas españoles.

Una preocupación del gobierno español, no por el pasado sino por el presente, la plantearon Corona y Lafuente a la propia ministra de Exteriores: “Está el caso de Iberdrola, que ha anunciado que de momento está congelando sus inversiones en México porque perciben una presión de parte del Gobierno mexicano. ¿Ustedes han actuado de alguna forma como mediador entre estas partes?”.

González Laya responde: “Nosotros no somos mediadores porque no hay un conflicto. Lo que hay es una reforma al sector energético que nosotros respetamos, y creemos que el Gobierno mexicano tiene que ser libre para decidir qué tipo de política energética quiere para este país. España nunca va a cuestionar eso, pero España sí dice, como lo dicen otros países, que es importante que el marco reglamentario sea claro, seguro y transparente porque así las empresas españolas van a poder seguir invirtiendo en este país.

“Nosotros hemos transmitido al Gobierno mexicano que nos parece injusto acusar a las empresas españolas en términos genéricos”, aclara, para que no haya necesidad de leer entre líneas.

Me temo que la agenda energética del Gobierno del presidente Sánchez es diferente a la del mexicano. AMLO piensa en invertir en refinería y España habla del Acuerdo de París.

En fin. La diplomacia mexicana tendrá mucho trabajo fino para el 2021.

fausto.pretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.