La cita es en la azotea del Gran Hotel en el Centro de Querétaro. Vicente Molina Foix visita la capital queretana como parte del Hay Festival 2018, presentando su última novela: El joven sin alma: una novela romántica (Anagrama). Es la última entrevista de la tarde y Vicente está un poco cansado, ha pasado mala noche. Mis preguntas van en cursivas.

El joven sin alma, como otras de tus novelas parte de una historia de formación. ¿Qué te atrae de este tipo de narrativa?

Las historias de formación, como las educaciones sentimentales o los viajes, son patrones novelísticos eternos. Hay cuatro o cinco patrones que se han ido haciendo a lo largo del tiempo y que de alguna manera germinan y alimentan lo que uno elija.

Esto lo he contado muy poco o no sé si es la primera vez que lo cuento, por cierto. Uno a veces se reserva secretos, pero de repente los cuenta: Para esta novela tuve como modelo de lectura, un libro que leí durante la primera parte de su escritura. Los tres volúmenes en edición bilingüe de las metamorfosis de Ovidio. Yo estudié Latín en el colegio y no es que sepa Latín bien, pero lo puedo leer si está la traducción al lado en Castellano. Estuve leyendo estas metamorfosis que es una locura de mitos, de gente que se transforma, y de alguna forma lo leía por el placer, porque yo nunca leo para sacar un tema, pero me dio un poco la temperatura de que iba a hablar de gente que cambia. De gente que quiere cambiar y que cambia. De la metamorfosis de un grupo de personajes. Y eso es de lo que yo creo que el libro trata, entre otras cosas. Hay un retrato de época, la España de los años sesenta, aún en el franquismo. Un suceso en mayo del sesenta y ocho que afecta a los personajes, y una parte de memoria, una parte de documento escrito: un poema, un telegrama y mucha invención.

A mí la crónica me gusta a veces leerla pero no soy un cultivador. A mí me gustan los libros de ficción. Bueno también me gustan los diarios y las correspondencias, y este libro, quizá se inspira en algunos de estos elementos, pero no es un libro que hay que leer como una novela biográfica, ni autobiográfica.

Aún así te insertas como personaje...

Sí, es verdad, me inserto. Yo soy el autor y el personaje del libro. Estoy presente de una manera abrumadora [ríe]. Pero ni mis padres eran así como yo los pinto. Como en la novela de Proust, para presentar un ejemplo ilustre, hay personajes que están inspirados más en la vida que otros. Hay brotes, brillos, pinceladas, que son verídicos. Y algunas de las que parecen más verídicas, son inventadas.

Toda novela de formación es una metamorfosis, es la historia de un cambio, de una maduración…

Sí, de transformación. Alguien que está sin forma: el joven sin alma de la novela mía. Un joven ingenuo, relamido un poco, pedante, ambicioso en sus aspiraciones como escritor y como especialista en cine, que se transforma gracias a un contacto con un grupo de amigos que encuentra que son parecidos a él. Que buscan lo mismo que él. Eso le transforma.

Yo no sé lo que habría sido en esta novela el personaje de Vicente, ni tampoco sé lo que habría sido en la vida de Vicente Molina Foix…me lo he preguntado muchas veces…si en vez de irme, como me correspondía a estudiar la carrera a Madrid, me hubiera quedado en Valencia. Yo vivía en Alicante, una ciudad de España donde no había universidad, pero mi familia es de Valencia, que está a ciento setenta kilómetros. Y a mí me correspondía haber ido a estudiar mi carrera de letras a Valencia, pero por el hecho de que mi hermano mayor ya estaba estudiando en Madrid, que era el único sitio donde se podía estudiar la carrera de ingeniero de caminos, pues fui a Madrid. Mis padres preferían tener a los dos hijos en el mismo sitio.

Si yo no hubiera ido a Madrid y hubiera estudiado en Valencia, no hubiera conocido a esas personas. ¿Qué habría pasado? A lo mejor hubiera aprendido bien el valenciano, el catalán de Valencia, de mis padres, que no nos enseñaron a nosotros. ¿Y sería un escritor en catalán? No se sabe.

Yo cuento cosas que han pasado en su molde, digamos, dentro, yo escribo para pasarlo bien, para inventar, para fabular, para estar maquinando todo el rato cosas, si contara lo que pasó ese día y es verdad, pues no. Para eso no me pongo a escribir.

¿Te interesa explorar esas preguntas que te haces? ¿Reinventarte de alguna manera?

Sí. Exploro, invento, desde luego, y utilizo el humor que es para mí un arma infalible y constante. Hay cosas de la memoria, claro, y documentos, pero yo los trato con la libertad del fabulador. Cuando salió la novela publicada en España, los críticos más profesionales decían “esta novela tendrá que leerse como un documento imprescindible para conocer la evolución y la presencia de esta generación (que es la mía): la de los novísimos”. Y yo, que soy un poco impertinente, le dije: “Bueno sí, pero esos profesores americanos que van a hacer esos estudios en el futuro tendrían que saber que no todo lo que pongo ahí es verdad”.

Hay cosas que parecen propias de estos jóvenes: hay por ejemplo sesiones inspiradas en los surrealistas y los psicoanalistas, en las que estos jóvenes hablan de sexo, de palabras y lenguajes. Todo eso que queda muy cómico, me dice la gente, y yo lo escribí como tres grandes escenas cómicas, pues está inventado. De principio a fin. No sucedieron.

¿Por qué esa obsesión de algunos críticos y lectores de que “la verdad” esté en la ficción?  

En este caso yo les doy facilidades, porque el personaje se llama Vicente Molina y tal, y los amigos Ramón, Pedro, Ana María, Leopoldo existieron, y eso no se enmascara. Existieron, pero yo no estoy haciendo su biografía. Yo estoy utilizándolos como personajes. Yo defiendo mi autonomía. Por ahí hay una profesora, muy inteligente, estudiosa de la biografía, haciéndome preguntas. Me doy cuenta que lo que quiere saber es si tal escena, si tal cosa, pasó de verdad o no. “Lee el libro” le digo. Yo no escribo para eruditos. Si era una biografía de alguien la haría seriamente, claro. Pero este no es el caso.

RicardoGarcía Mainou

Escritor

Las horas perdidas

Estudió Ciencias de la Comunicación con especialidad en Radio y Televisión Educativa en la Universidad de las Américas Puebla.

Ha escrito, editado, traducido y diseñado para diversas publicaciones literarias, periodísticas y especializadas: locales y nacionales (Libros de México, Revuelta, De viaje, Cinéfila, La masacre de Cholula, etc.).