Los avances tecnológicos en comunicaciones han generado una explosión de nuevos contenidos y medios para transmitir ideas. El futuro de la información conlleva una gama de nuevas tecnologías que facilitarán la difusión de contenidos y conocimientos. La causa de consolidar una sociedad abierta disfruta, hoy más que nunca, una disponibilidad inagotable de tecnologías.

Esto implica una reducción de costos de transacción que causan factores como la distancia, el tiempo o las fronteras nacionales. Sin embargo, no hay un mecanismo ideal que limite la naturaleza de contenidos potencialmente transmisibles. Las ideas tienen consecuencias, buenas o malas, y el reto permanente de defender una sociedad abierta sigue siendo una tarea de máxima relevancia para el futuro de la conversación civilizada.

La revolución en las comunicaciones conlleva un contrapeso espontáneo sobre información e ideas, en la forma de un acceso inmediato para ventilar una crítica o defender una propuesta sin la previa supervisión editorial del proceso político. Elecciones personales de lo que decimos o divulgamos ya no son objetos de control por parte de un príncipe iluminado que profesa disfrutar un acceso privilegiado a los mapas de la sociedad. Sin embargo, hay que permanecer sospechosos de las fuerzas que procuran controlar nuestro porvenir.

Por ello, en nuestra época contemporánea observamos dicotomías en la evolución de la libertad. Por un lado, cae el Muro de Berlín, pero por el otro, surge apoyo para erigir un muro similar en la frontera que divide el Río Bravo; el comercio exterior explota sobre una creciente gama de fronteras geográficas, pero el proteccionismo sigue en ascenso, encontrando formas más sofisticadas (ecológicas, culturales, ahora climatológicas) para bloquear el intercambio voluntario de bienes; mercados emergentes, por fin, consideran importante reformar sus sistemas de derechos de propiedad, pero a la vez el populismo sigue su marcha, con versiones mesiánicas, más peligrosas que expresiones anteriores.

Si bien hay argumentos para inferir que podemos celebrar la libertad, existen también otros argumentos para suponer que la batalla contra las fuerzas de opresión jamás terminará. Por ello, es esencial, para los caminos de la libertad, ubicar un sitio bien definido en el mundo de las comunicaciones y la revolución de las Tecnologías de la Información.

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