La emergencia sanitaria provocada por el Covid-19 y la necesidad de proteger los medios de subsistencia de los ciudadanos han incrementado la necesidad de financiamiento del gasto publico recurriendo, en muchos casos, a un incremento preocupante de la deuda pública, principalmente en economías emergentes.

Por otra parte, medidas adicionales de política monetaria como las adoptadas por el Banco de México, están orientadas a fomentar el otorgamiento de crédito entre sectores afectados por la pandemia. Estas medidas tienen garantías implícitas del Estado en favor de los intermediarios financieros en la forma de tasas de interés bajas y de la absorción, en última instancia, de las pérdidas en caso de incumplimientos de los intermediarios.

Este tipo de medidas incentiva a los intermediarios financieros a usar deuda, por encima de su propio capital, como su principal fuente de financiamiento y a otorgar créditos que en otras condiciones hubieran negado. El segundo efecto no es malo por sí mismo, de hecho, es el deseado, pero tiene sus riesgos. Uno de ellos es el costo al acreditado final, que en nuestro país está por encima del 40%, en promedio, para créditos personales y microcréditos otorgados por el sector regulado. Otro riesgo es que el crecimiento de la deuda se vuelva incongruente con el valor económico de las actividades a las que se destinan los recursos.

Los economistas Atif Mian y Amir Sufir, en uno de los mejores análisis de la crisis financiera global del 2008 y de la Gran Recesión que le siguió, argumentan que altos niveles de endeudamiento resultan en una reducción en el gasto y un aumento en la desigualdad económica. Este argumento se mantiene tanto para familias como para países.

Un aumento considerable en la deuda del gobierno y de los sectores vulnerables causaría una reducción en el gasto corriente para poder enfrentar mayores pagos por servicio de la deuda y en el mediano plazo una reducción en la demanda agregada, deprimiendo todavía más la economía. Este efecto sería más pronunciado en nuestro país dadas las altas tasas de interés.

Diversos estudios han demostrado que familias de bajos ingresos están más endeudadas que las de altos ingresos en términos relativos. El incremento de la deuda por parte del gobierno y de sectores vulnerables se convertiría en una transferencia adicional de recursos de los pobres a los ricos. La deuda surge de una necesidad de remediar los males económicos y se convierte, a través del sistema financiero, en una estrategia de inversión para aquellos sectores con exceso de recursos.

Ante crisis como la presente, los gobiernos enfrentan la disyuntiva de incrementar el gasto para proteger a la población mas vulnerable o para reactivar ciertos sectores de la economía a costa de un mayor endeudamiento. En nuestro país esta problemática es magnificada por la desigualdad que prevalece.

Para escapar de la trampa de endeudamiento y aumento en la desigualdad, es necesario implementar políticas que ataquen los problemas de raíz, como aquellas encaminadas a la redistribución de recursos y a la reducción de la desigualdad sistémica. La propuesta del gobierno mexicano va en esta dirección, evitar el endeudamiento público, atender de manera directa, a través de los programas sociales, a la población mas vulnerable y fortalecer el Estado de Bienestar.

*La autora es actuaria por la UNAM, tiene Maestría en Economía por El Colegio de México y Maestría en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha sido docente e investigadora en la UNAM, la Universidad de Warwick y la Universidad de Oxford. También ha colaborado 15 años como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión en Londres.

Lucía Buenrostro

Actuaria por la UNAM

Columna invitada

Lucía Buenrostro es Maestra en Economía por El Colegio de México y Maestra en Matemáticas y Finanzas por el Imperial College (Reino Unido). Es Doctora en Economía por la Universidad de Warwick (Reino Unido). Ha desempeñado labores de docencia e investigación en la UNAM, en la Universidad de Warwick y en la Universidad de Oxford.

Cuenta con una amplia y sólida trayectoria en el sistema financiero internacional donde laboró por casi 15 años en Londres como responsable de áreas de administración de riesgos en la banca de inversión.