En finanzas personales hay principios universales, básicos, que es importante aprender porque son verdaderos para todas las personas. Sin embargo, su aplicación y las estrategias para aplicarlos son distintos para cada uno de nosotros: dependen mucho de nuestra situación particular, de nuestros objetivos e incluso de nuestra forma de ser como individuos. Porque a algunos se les facilitan unas cosas más que a otros.

Pensemos por ejemplo en conceptos como diversificación o interés compuesto. Todos debemos entenderlos para poderlos usar a nuestro favor. Pero cada persona lo debe hacer de manera distinta: no es lo mismo un artista que un emprendedor o que el empleado de oficina. Unos tienen ingresos muy variables, otros reciben una cantidad fija cada mes.

Hay personas que me contactan para preguntarme cómo deben distribuir su gasto cada mes. Si deben gastar menos de 30% de su ingreso en alimentos. ¿Es mucho o poco? Pues todo depende. Si uno gana bien y es soltero, quizá sea demasiado. Pero si uno es padre de familia, con un ingreso apretado y tres hijos que alimentar, quizá tenga que destinar un porcentaje aún mayor a ese rubro.

Pero no todo queda ahí. A lo mejor el soltero es un chef entusiasta y le gusta cocinar para sus amigos usando productos de la máxima calidad. Es algo que disfruta mucho. Por otro lado, comer bien está en su lista de prioridades. Entonces el hecho de que destine la tercera parte de lo que gana a comida puede ser perfectamente válido, siempre que eso no lo distraiga de otras metas financieras que también son importantes (como el ahorro para su retiro).

El dinero nunca es un fin en sí mismo, es un medio para alcanzar las cosas que más nos importan en la vida. Todo se trata entonces de equilibrio.

Hace unos días leí una encuesta seria que revelaba que el americano promedio se gastaba entre  9 y 12% de su ingreso en alimentos. Sin embargo las cifras variaban mucho si la partíamos según el nivel de ingreso. A mí me pareció una cifra muy baja (esperaba más) pero es tan real que la misma firma de investigación notaba que es un porcentaje significativamente menor al que las personas en otros países gastan en ese mismo rubro.

Aquí mismo, en México, he leído artículos de “expertos” que “recomiendan” que uno destine entre 15 y 20% de su presupuesto mensual a comida. ¿Si gasto entonces 25% y puedo ahorrar para otras cosas, estoy mal? No. Son cifras muy arbitrarias.

De hecho, si uno trata de hacerles caso y trata de hacer un presupuesto que se ajuste a esos números, lo más probable es que uno se sienta mal de no poder lograrlo. ¿Tengo que prescindir de algo que me gusta y es importante para mí, porque me debo ajustar a lo que ciertos “expertos” me dicen que debo gastar? Definitivamente no.

Hay una técnica de presupuesto que se llama 50/20/30 y que sugiere que la gente debe destinar 50% de su dinero a gastos fijos y esenciales (incluyendo gastos irregulares); ahorrar 20% para sus prioridades, y dejar 30% restante para tomar decisiones respecto a su estilo de vida. De hecho hay toda una filosofía detrás de esa técnica y la idea en principio no es mala. Pero simplemente no es aplicable a todo tipo de persona. En México no funcionaría para la enorme mayoría de la población que tiene que vivir al día y que tiene que destinar, por lo tanto, más de 90% de su ingreso en necesidades esenciales. ¿Ellos están mal? Tampoco. Simplemente no se puede generalizar. Lo que funciona para unos no necesariamente sirve a todos.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com