Trump no conoce la historia de su país o lo desborda su narcisismo. Cree que puede saltar por encima de su sombra, pero no puede.

Un presidente de Estados Unidos (EU) como él, Herbert Hoover, desató en 1929 un proteccionismo depredador que pretendía resolver la Gran Depresión, pero la profundizó, y con ello hundió al mundo. Fue una guerra de aranceles porque todos los países querían protegerse. Fueron políticas que John Maynard Keynes definió como de empobrecer al vecino . Desencadenaron una catástrofe mundial porque acarrean conocidos demonios.

Los resultados fueron alarmantes. La producción de EU se contrajo en 46% y la de Alemania en 42 por ciento. El Producto Interno Bruto (PIB) de EU se redujo en 26% por ciento. El comercio mundial disminuyo en 66% entre 1929 y 1934. El consumo se fue por los suelos. Deflación, desempleo, pobreza.

Políticamente, el liderazgo mundial que entregó Inglaterra a EU no ofreció bienes globales. EU se cerró. Y para complicar la situación europea, las sanciones a Alemania por reparaciones de guerra la desestabilizaron. Una economía a la deriva condujo a que surgieran y se consolidaran dictaduras en Alemania, Italia, la Unión Soviética y España. Eliot Cohen, académico de la Universidad John Hopkins, dijo a El Economista: La última vez que creímos en el ‘American First’ terminamos con un nazi ocupando Europa y Pearl Harbor .

Fue Roosevelt el que desnudó la política deflacionaria del proteccionismo y pudo recuperar la economía con una política keynesiana de gasto público deficitario. Pero aún con ello, el daño global existía y desató la Segunda Guerra Mundial.

Una vez terminada la guerra fueron creadas las instituciones internacionales; el Plan Marshall para reconstruir Europa; se consolidó el Estado de Bienestar, y el mundo empezó a recuperarse a pesar de la Guerra Fría.

Posteriormente, en los 80 llegaron Margaret Thatcher y Ronald Reagan con sus planes contraccionistas y neoliberales, sacrificando el Estado de Bienestar, estableciendo el austericidio en las finanzas públicas, desregulando para enriquecer a los banqueros. La crisis del 2008 fue una de sus consecuencias.

También llegó el nacionalismo como respuesta a la desigualdad, la pérdida de ingresos y empleos. Es el contexto que explica el Brexit y ahora a Trump.

Ya no hay países que quieran dirigir al mundo hacia proyectos globales que ofrezcan racionalidad y progreso, que propicien la oferta de bienes públicos como son un clima invariable, estabilidad financiera, libertad comercial, empleo y fiscalidad compartida. Ningún problema concreto puede considerarse aisladamente.

Trump ya planteó su discurso proteccionista basado en negociaciones con la fuerza, el poder y el tamaño, poniendo en riesgo el sistema multilateral. De ahí su salida del proyecto de El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) y su decisión de cancelar su participación o renegociar el TLCAN.

Para México, lo importante es reconocer que Trump es un negociador que pega antes de sentarse a dialogar para debilitar al enemigo. Es una táctica de advertencia para crear una atmósfera a su favor. Nada de hombre de Estado. Lo que nuestro país necesita es claridad en lo que quiere y responsabilidad de sus negociadores. Y no permitir ultrajes, porque si ocurre se invita a más.