El tamaño de la crisis en el país debe ser de tal magnitud, especialmente en los temas económico, ambiental y de seguridad pública, que el presidente de la República tomó la decisión de utilizar el tiempo en su conferencia matutina del 10 de mayo, en presentar a una cantante, Eugenia León, en lugar de abordar frente a la población y con madurez, los retos que México enfrenta y las medidas que se están tomando para afrontarlos.

Resultaría ingenuo pensar que el presidente tuvo una ocurrencia más, como muchas veces se dice, al presentar a la cantante. En realidad, lo que está haciendo es evitar mostrar la grave situación que enfrenta el país, que como jefe de Estado y de Gobierno, necesariamente conoce. Su actuar evasivo, sin embargo, genera el efecto contrario al deseado que es tranquilizar a la población. Lo que ocasiona es alarmarla más, pues provoca nerviosismo y vacíos frente al pueblo, al evitar que éste conozca si las políticas públicas están o no funcionando a corto, mediano y largo plazo. Provoca a su vez, que las personas tomen decisiones en su vida, empleo e inversiones, en función del miedo e incertidumbre; ensombrece el desempeño de las y los funcionarios púbicos que buscan servir a su país y, ocasiona una cada vez más marcada turbieza en las aguas en las que navega el México. El problema es que “a río revuelto, ganancia de pescadores”.

Me referiré en este artículo al primer tema, el económico.

Quienes tienen un sano juicio, desde hace tiempo padecen las conferencias matutinas del señor presidente ya que, no quieren ver más pleito ni descalificaciones. La mayoría de la población busca un mundo con un futuro mejor, con paz, tanto personal, familiar, social como institucional. Ha quedado muy claro que algunos -no todos- grandes empresarios se corrompieron en el pasado, que hicieron dinero a manos llenas a costa del Estado y que, descaradamente negociaban condonaciones fiscales millonarias. Quedó claro que el país quedó con saldo negativo. Sin embargo, llega un punto en el que se debe permitir la reivindicación, porque la intransigencia de no dar el derecho a rectificar el actuar, ocasiona la parálisis. El problema de no abrir una ventana al diálogo entre el empresariado y un sector de la sociedad civil con el presidente es que paraliza el crecimiento económico sustentable.

Racionalmente, persona alguna va a reinvertir las utilidades que generan las empresas, cuando lo que recibe a diario, son descalificaciones, etiquetas e insultos. Es muy lógico querer estar en un lugar en donde sean mínimamente respetados. Esto sucede con los capitales, al margen del necesario estado de derecho y, principios de legalidad, seguridad y certeza jurídica, necesarios para invertir, pero las ofensas también son causa de que las utilidades no se reinviertan; se repartan a los socios y éstos las vayan posicionando en el extranjero.

Lo mismo las personas físicas. Lo poco o mucho que hayan ahorrado o que tengan lo van a sacar poco a poco, de 10,000 en 10,000 dólares que es lo que se permite como máximo en las entradas aduanales de otros países. Este popote está provocando que la generación de riqueza que se dé en México salga al extranjero, pero va a llegar un momento en que se acabe el agua del vaso porque la canulilla cada vez jala más fuerte.

Se puede y debe alejar de la mente de los y las mexicanas la imagen de los músicos quienes a pesar de que el Titanic se estaba hundiendo, siguieron tocando sus instrumentos musicales, bajo la orden del capitán, para tranquilizar a los pasajeros. Llevar a Eugenia León a cantar no es la forma de serenar a un país, es una buena intención, pero no sirve en este momento. Vivir una velada espiral de conflicto sin salida cada mañana, llena de descalificaciones, tampoco es la vía. Se serena a la población de un país enfrentando los problemas e ir diciendo, frente a la crisis, qué acciones se están tomando. Los ánimos se apaciguan con políticas públicas que den resultados, sin sobresaltos ni enojos y gobernando para toda la población y sectores.

Lo mismo sucede con el tema ambiental, del que escribiré la próxima semana, que adelanto, no se requiere ser biólogo o bióloga, para percatarse que el panorama es sombrío.