Derivado de la publicación de esta columna, Auctoritas, con relación a la pertinencia que he advertido de que el presidente Andrés Manuel López Obrador escriba e insista en la necesaria relación que debe existir entre la economía y la moral como punto de partida del quehacer público en México, recibí extraordinarios apuntes de mi entrañable profesor el Dr. Eduardo Preciado de la Universidad Panamericana, que enriquecen notablemente la argumentación que el propio presidente ha iniciado sobre estos temas. Hemos comentado que los grandes economistas de la historia Marx, Keynes y el padre de la economía clásica Adam Smith partieron de la ética para estructurar sus tesis. Llevado a la práctica, se hace sumo conveniente que un jefe de Estado como López Obrador hable de la ética en la economía aplicada. Con mucha anterioridad a los grandes pensadores económicos, fue Aristóteles quien comenzó a establecer esta relación y cuyo pensamiento ha sido magistralmente proyectado por Tomás de Aquino, cuando nos habla de las virtudes cardinales: prudencia, justicia, templanza y fortaleza. El propio Aristóteles nos enseña que es la prudencia la que gobierna a las demás virtudes.

La prudencia es, por tanto, la principal virtud que los seres humanos debemos desplegar en nuestro comportamiento. En el caso del presidente, esta virtud importa tanto más por el impacto que sus acciones de gobierno —prudentes o no— pueden llegar a tener sobre la economía real y su afectación a millones de personas. El presidente ha hecho la aportación inicial para abrir el debate sobre la moral y la economía. Ahora debemos esperar de él, para el manejo de las políticas económicas, lo que Kant y Tomás de Aquino señalan: inteligencia, razonamiento, memoria, precaución, circunspección, docilidad y sagacidad. En el caso de la inteligencia y razón precisamente para poder encauzar el esfuerzo del gobierno, empresarios y resto de la sociedad deben caminar de la mano para lograr crecimiento y mejores estados de desarrollo económico para todos. El priorizar la memoria, para no olvidar las crisis económicas que el país vivió en los 70, 80 y 90, producto de malas decisiones de gobierno y dudosas prácticas empresariales.

El uso de la previsión, para anticiparse a las consecuencias que provocan las decisiones de gobierno y políticas públicas en el desempeño favorable de la economía. Igualmente es importante el uso de la precaución, para evitar males mayores a los que se quiere evitar; o bien, que los costos sean mayores que los beneficios que se busca obtener. La circunspección es fundamental para observar el panorama completo y el impacto general de las decisiones de política económica o fomento; lo mismo podemos decir de la docilidad, entendida ésta nunca como sucumbir ante intereses fácticos sino para aceptar la ayuda de los demás, así como el diálogo con todos para llegar a acuerdos y aceptar la asesoría de los que saben en campos específicos. Finalmente, la sagacidad que no es temeridad sino la capacidad de reacción inmediata ante las constantes eventualidades que surgen minuto a minuto en la acción de gobernar. Nuestro presidente ha desplegado estas capacidades y virtudes, y sus gobernados esperamos que lo siga haciendo por el bien del país al igual que como garantía de que su proyecto de cambio perdure por muchos años.

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas