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El plan verde de Biden, pesadilla de México
El triunfo de Biden podría marcar un punto de inflexión en la ola populista que recorre algunas regiones del mundo (y de la cual México es víctima). Claramente significa, en Estados Unidos, el triunfo de las ciudades sobre la vida rural y suburbana. Es el triunfo del cosmopolitismo liberal que aprecia y aspira a la tolerancia, el multilateralismo, la sustentabilidad, y la responsabilidad global; todos ellos elementos de una visión del mundo que se gesta y reproduce en las grandes urbes. Biden ha asumido al cambio climático como una de sus prioridades de gobierno, y lo ha plasmado en un ambicioso Plan de Energía Limpia y Justicia Ambiental, que tendrá profundas repercusiones en el mundo, y consecuencias directas para México bajo el gobierno de López.
Biden reingresará al Acuerdo de París el primer día de su administración, convocará a una Cumbre Mundial sobre el clima y dirigirá un importante impulso diplomático para aumentar las ambiciones de los objetivos climáticos de los países. La piedra angular del Plan es asegurar que Estados Unidos logre una economía basada 100% en energía limpia y emisiones netas de cero Gases de Efecto Invernadero a más tardar en 2050, lo que se alinea con los compromisos recientemente anunciados por la Unión Europea, China y Japón. El Plan define una meta intermedia muy ambiciosa para 2025, e inversiones masivas e históricas en energía limpia, e innovación y difusión de nuevas tecnologías. Prevé canalizar 500,000 millones de dólares, y crear nueva normatividad y créditos fiscales para reducir drásticamente y eliminar emisiones de contaminantes. Se compromete a electrificar totalmente el parque vehicular de los Estados Unidos, invirtiendo extensivamente en estaciones de recarga. Proyecta revitalizar al sector energético recuperando el liderazgo de su país en energías renovables, y promoviendo el crecimiento económico, al tiempo de generar millones de nuevos empleos. Duplicará la capacidad de generación de electricidad eólica marina para el 2030. Plantea desarrollar redes eléctricas inteligentes con sistemas de almacenamiento de energía, baterías eficientes y de bajo costo, y reactores nucleares modulares de nueva generación inherentemente seguros. El plan se propone promover una red eléctrica regional basada en energías limpias que integre a Canadá, Estados Unidos, México, Centroamérica y Colombia.
El Plan alentará el transporte público en las ciudades, además de establecer programas para producir hidrógeno verde (para vehículos y procesos industriales en sustitución de combustibles fósiles) a través de electrolisis alimentada con energías limpias. Promete descarbonizar al sector alimentario y agropecuario, y relanzar la segunda revolución del ferrocarril con trenes de alta velocidad en los grandes corredores urbanos de California, el Medio Oeste y la Costa Este. También, establecerá regulaciones muy estrictas a la industria del petróleo y gas en materia de emisiones de metano, así como disposiciones para lograr que todas las edificaciones sean energéticamente eficientes y autosuficientes. Destacan igualmente políticas para densificar a las ciudades y disminuir así su huella de carbono, y políticas de adaptación, códigos de zonificación y construcción con sentido climático, e infraestructura y soluciones naturales (protección costera, restauración ecológica).
Biden eliminará subsidios a los combustibles fósiles. Hará que todas las decisiones de gobierno contemplen sus impactos ambientales y climáticos, y que las empresas y entidades públicas revelen y minimicen sus emisiones directas de GEI, así como en sus cadenas de valor y suministro. El Plan Biden se compromete a proteger la biodiversidad y a combatir frontalmente la extinción de especies, así como a conservar el 30% de las tierras y aguas de los Estados Unidos para el 2030 – algo extraordinario – protegiendo y creando nuevos parques y monumentos nacionales. Va a salvaguardar de forma permanente el Refugio Nacional de Vida Silvestre en el Ártico y a prohibir explotaciones mineras y de hidrocarburos en tierras y aguas federales prioritarias, revirtiendo los retrocesos provocados por Trump. Es notable que el Plan de Biden contempla el principio de internalización de costos ambientales y climáticos a través de un impuesto al carbono (Carbon Tax), el condicionamiento de acuerdos comerciales a las políticas climáticas, y la imposición de aranceles de ajuste de carbono a las importaciones de países que no asuman compromisos ambiciosos de reducción de emisiones de GEI en términos del Acuerdo de París.
Todo ello será una verdadera pesadilla para López. Será presionado, sancionado y exhibido. Pero anticipamos que, en su infinita soberbia y obcecación, preferirá hundir (aún más) a México antes que rectificar sus demenciales decisiones energéticas y revertir el desmantelamiento de las instituciones y políticas ambientales.

