Siempre he dicho que no hay una forma ideal para manejar nuestro dinero. Todo depende de nuestras necesidades actuales, que además van evolucionando con el tiempo. No es lo mismo ser soltero que estar en un matrimonio con tres hijos, o ser un estudiante universitario, que una persona en edad de retiro.

En este sentido, la planeación de nuestras finanzas personales debe verse como un proceso constante y dinámico que va evolucionando a medida que nuestra vida cambia. Es importante adecuar y enfocar nuestras estrategias de acuerdo con la etapa en la que nos encontramos, siempre de modo equilibrado.

De manera muy general, podemos considerar las siguientes etapas como un punto de partida:

1. La soltería juvenil. Ésta es una etapa en la cual, por lo general, no tenemos muchas deudas, aunque hay estudiantes universitarios que tienen que adquirir préstamos estudiantiles para pagar parte de su colegiatura.

Los objetivos más comunes de las personas de esta edad son la independencia de sus padres y la autonomía (por ejemplo, adquirir un coche). Pero también suelen comprar ropa y accesorios de moda. Sus gastos en diversiones pueden ser elevados, porque no se tienen muchas otras responsabilidades o compromisos. Tristemente, son pocos los jóvenes de esa edad que han iniciado un ahorro, base para la construcción de un patrimonio: prefieren acumular experiencias y bienes de consumo. Sienten que tienen toda la vida por delante y el retiro es algo en lo que no se piensa. Obviamente, no tienen necesidad de comprar seguros, excepto el del auto (o gastos médicos en algunos casos).

Esta edad, desde mi punto de vista, es crucial. Se empieza aquí a ganar dinero, lo que implica que en esta etapa se van construyendo los hábitos financieros. Por eso es tan importante plantearse objetivos y empezar a ahorrar para todos ellos. Se tiene toda la vida por delante y eso implica también que el portafolio de inversión puede ser un tanto agresivo.

2. El matrimonio sin hijos. La pareja recién casada tiene que decidir cómo manejar el dinero de ambos y establecerse objetivos comunes. En esta etapa muchas parejas prefieren disfrutar lo más posible el uno del otro y, por lo tanto, tampoco piensan mucho en el ahorro, cuando no lo iniciaron en la etapa anterior.

Esto es un grave error, ya que a esta edad que todavía no se tienen los altos gastos que implican los hijos, el objetivo principal debe ser empezar a formar un patrimonio que sirva como base para su desarrollo futuro. Comprar una casa o departamento propio, por ejemplo, es una meta muy importante para muchas parejas. En cuanto a seguros, no se tienen tampoco muchas necesidades, pero se recomienda que piensen en adquirir uno de gastos médicos mayores para los dos, así como el de su(s) auto(s) y de la casa, aun cuando estén rentando, para cubrir por lo menos sus contenidos y responsabilidad como inquilinos.

3. La pareja con hijos. El nacimiento de los hijos implica gastos fuertes, empezando por el hospital, los pañales, la alimentación, vacunas, etcétera. Poco tiempo después vienen las colegiaturas, uniformes y actividades; más tarde la universidad. Durante esta etapa, la pareja debe enfocar sus energías para terminar de pagar su hipoteca, si la tienen. Además, deben hacer un gran esfuerzo para destinar, por lo menos, 10% del ingreso familiar al ahorro para su retiro. Se pueden considerar otros objetivos también, como un fondo para pagar, poco a poco, la educación superior de los pequeños.

Tener dinero líquido para afrontar emergencias se vuelve imprescindible, ya que los niños pueden enfermarse, repentinamente, de cualquier cosa, o tener accidentes. Dados nuestros compromisos, suele ser importante contar con un testamento y un buen seguro de vida, para no dejar desamparada a la familia en caso de que uno falte. También son relevantes los seguros de gastos médicos, de autos y de hogar que cubra la responsabilidad civil familiar.

4. Independencia de los hijos y el retiro. Cuando los hijos se van, por lo general la pareja que se ama trata de reconquistarse mutuamente, de viajar y de divertirse juntos. Puede hacerlo porque desaparecen todos esos gastos relacionados con los hijos. Sin embargo, aunque el retiro siga pareciendo lejano, a unos 10-15 años de distancia, conviene revisar el dinero que tenemos ahorrado para el mismo, y redoblar esfuerzos para que, cuando llegue el momento, tengamos los recursos necesarios para seguir viviendo con comodidad. En otras palabras, el objetivo es que nuestra pensión represente por lo menos 80% de los ingresos que teníamos antes de retirarnos, para vivir nuestros años dorados con tranquilidad y con independencia.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com