Sería una plataforma para colocar los productos en todo el territorio nacional sin la intervención de los mayoristas que hasta ahora han hecho un gran negocio.

El Dragon Mart de Cancún es el negocio no nato más famoso de México. Si se cumplen los planes de sus promotores, será el mayor centro de exhibición de productos chinos en el mundo (fuera de China). Si se materializan los temores de sus numerosos detractores, se convertirá en la puerta de entrada de un tsunami de productos chinos que cimbrará a la planta industrial mexicana. Adicionalmente, provocaría una migración no deseada de miles de ciudadanos chinos y aumentará la presión sobre el frágil ecosistema de Cancún y sus zonas cercanas.

El proyecto empezó a generar noticias desde el 2011, pero se graduó como trending topic a finales del año pasado, cuando grupos ambientalistas y organismos empresariales empezaron a expresarse en favor de frenar la apertura del centro comercial prevista para el primer semestre del 2014.

El Dragon Mart Cancún está basado en un centro del mismo nombre que opera en Dubai desde el 2003 y que se ha convertido en el mayor lugar de comercialización de productos chinos en todo el planeta, sin contar China. El éxito del proyecto en el Medio Oriente animó a los empresarios a pensar en una segunda versión, más grande, para México. En Quintana Roo, aspira a tener 3,040 locales y atender clientela mexicana, pero también del Este de Estados Unidos y de Centro y Sudamérica. El periódico oficialista chino China Daily asegura que ya hay 1,780 empresarios chinos interesados en venir a México.

La Cámara de Diputados se ha involucrado en el tema. Como el resto de México, quiere entender qué es el Dragon Mart y qué impacto tendrá. Quieren saber si el desarrollo de un gran centro de exposiciones de mercancía china está en consonancia con nuestras leyes de inversión extranjera y comercio exterior.

Por suerte y por desgracia, no hay una ley que impida la construcción de un centro comercial, así sea el Dragon Mart. Todo lo contrario: México forma parte de la Organización Mundial del Comercio (OMC), al igual que China. Estamos obligados a permitir la entrada de capitales y productos extranjeros, siempre que sean legales, en los términos que establece nuestra legislación (sancionada por la OMC y otras instancias mundiales).

Los promotores del proyecto están obligados a respetar las leyes mexicanas, incluyendo las de medio ambiente y migración que preocupan a algunos detractores.

El problema va más allá de lo legal: ¿qué pasaría si, tal y como temen los industriales mexicanos, la puesta en operación de este centro permite reducir drásticamente los precios de venta en México de los productos chinos? El efecto en nuestro tejido industrial sería letal.

En este momento, muchos de los bienes chinos llegan a México a través de intermediarios. El Dragon Mart sería una plataforma para colocar los productos en todo el territorio nacional sin la intervención de los mayoristas, que hasta ahora han hecho un gran negocio en el comercio con China.

Imaginen productos chinos con precios 15 o 20% menores de los que ahora tienen. ¿Qué rama industrial mexicana podría competir con eso? En algunas circunstancias, se podrá probar que hay dumping. En otros casos, muchas empresas morirán antes de tener listo su expediente de argumentación.

El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, no se ha pronunciado sobre el asunto. Hace bien en no apresurarse, porque le corresponde arbitrar un caso digno del Rey Salomón. En un platillo de la balanza está el libre comercio. En otro, la protección de los empleos industriales.

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