No debería tener costo, pero lo tiene. El costo del agotamiento y degradación del capitalismo mexicano se estima en más de 985 mil millones de pesos (mdp) en 2012, y representa el 6.3 del Producto Interno Bruto (POB) del país. Es un costo altísimo que revela la perversidad de un sistema socio-histórico que externaliza costos.

Los datos fueron dados a conocer esta semana por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) como parte de las Cuentas económicas y ecológicas de México. El desagregado de dicho agotamiento y degradación ambiental es el siguiente: La contaminación atmosférica representó el mayor costo ambiental, al ubicarse en 532,679 mdp, le siguieron los costos por agotamiento de hidrocarburos con 217,968 mdp, degradación del suelo 74,564 mdp, la contaminación del agua 64,632 mdp, residuos sólidos 51,569 mdp, agotamiento del agua subterránea 29,478 mdp, y por último los costos del agotamiento de recursos forestales con 14,174 mdp .

Según las cuentas oficiales, el costo ecológico del capitalismo mexicano se registra a través del agotamiento de recursos y la degradación ambiental. Las principales fuentes del agotamiento de recursos forestales se deben a las actividades silvícolas no sustentables, la tala clandestina, los incendios y el avance de los agronegocios. El reporte oficial registra una preocupante sobreexplotación del agua subterránea del país.

En tanto la contaminación del aire, cuyo emisor principal son los vehículos automotores, es el principal responsable de la degradación ambiental. A esto se añade la degradación y contaminación del suelo, así como la contaminación del agua por descargas residuales.

Por actividad económica, las actividades de transportes, correos y almacenamiento generó los mayores costos ambientales: 316,000 mdp; seguido de la minería con 219,000 mdp; el sector de agricultura, cría y explotación de animales, aprovechamiento forestal, pesca y caza con 104,000 mdp, y otros servicios con 41,000 mdp.

Como siempre, los datos estadísticos por sí solos no bastan para comprender a fondo lo que estamos hablando: no se trata solo de recursos naturales que se contaminan para cientos de años o se pierden para siempre.

Detrás de los procesos de agotamiento y degradación ambiental hay un sistema económico que, al externalizar sus costos, toma como suyos recursos que son comunes, y al introducirlos a la maquinaria de la producción de mercancías para la obtención de ganancias, se apropia de una riqueza que es común.

Pero más importante aún es que, detrás de estas cifras de la devastación ambiental del país, hay sujetos, hay comunidades, pueblos y barrios que enfrentan no solo aire, agua y tierra más contaminadas, sino que enfrentan procesos de despojo, invasión y represión que van asociados a los procesos de capitalistas como la minería, la tala ilegal, los nuevos fraccionamientos o los viejos basureros.

Los costos ecológicos que va dejando el capitalismo mexicano nos hablan también de un sistema en crisis, de un sistema que requiere la apropiación de privada de los bienes comunes y contaminar y matar la vida para seguir reproduciéndose. La alternativa es simple: aniquilar ese sistema, o permitir que ese sistema nos aniquile.

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