Los grupos de WhatsApp aparecen exponencialmente, casi por cualquier motivo.

Ernesto Villanueva —doctor en Derecho especializado en transparencia y libertad de expresión, adscrito al Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM— encadenó a su amplio directorio de contactos telefónicos en un foro que llamó “Ricardo Alemán”, a los que invitó a leer el artículo que entregó al portal AristeguiNoticias sobre el caso del columnista político, quien fue separado de sus espacios informativos en Foro TV y Once Noticias y acusado de haber incurrido en apología del delito.

“Un análisis superficial —porque no requiere más— arroja que esa conducta reprobable (el retuit de Alemán del pasado sábado 5) no es, sin embargo, constitutiva de ese tipo penal, habida cuenta que la materia penal es de estricto derecho; es decir, el margen de interpretación es muy reducido por su propia naturaleza punitiva”, acotó el especialista.

En tiempo real, Villanueva recibió retroalimentación y felicitaciones. Aunque también recriminaciones de sus interlocutores, casi todos periodistas y académicos interesados en temas de medios y legislación. La más insistente, que renombrara al grupo, porque de lo contrario, “pareciera que somos su club de fans”.

La mayoría coincidía en que Alemán habría incurrido en una falta a la ética periodística, mas no en un delito. O —más precisamente— que las consecuencias para el periodista debían ser más políticas y sociales que jurídicas.

“El discurso del odio está en el centro de las estrategias de los tres principales contendientes por la Presidencia de la República. Así, han sembrado la violencia y polarizado a la población”, opinó el comunicólogo Fernando Mora, recientemente ingresado a la Academia Nacional de Historia y Geografía. “Un error no es para siempre y no justifica un linchamiento. Tampoco, cerrar las puertas de trabajo. Suficiente (ha sido) el castigo de las redes”, argumentó el editor poblano Armando Prida.

Como experta en este tipo de polémicas, Denise Dresser decidió intervenir en esta conversación grupal. “No me gustan las posturas de Ricardo Alemán pero creo que fue un error su despido y (la) exigencia de demanda penal en su contra. Cuando vi que eso ocurrió, inmediatamente pensé que eso iba a abrir la puerta a linchamientos / acusaciones / censuras posteriores. No habían pasado ni 24 horas cuando eso ocurrió”.

Dresser opinaba con conocimiento de causa. Hace cuatro años, como panelista de Es la hora de opinar —programa conducido por Leo Zuckermann en Foro TV— tuvo la puntada de decir que lo mejor que Elba Esther Gordillo podría hacer era morirse en su próxima cirugía plástica. “Felipe Calderón pidió mi despido por ese comentario desafortunado (por el cual me disculpé) así como algunos tuits de humor negro que, en el contexto de polarización, no le hacían bien al debate público”, explicó.

Villanueva sostiene que en el affaire Alemán no hay caso legal. “Y sería grave que en esa vorágine se pretendan regular contenidos en la red”, advirtió. Una de las integrantes del colectivo Las del Aquelarre Feministas, reviró: “Más allá de que existan (o no) elementos legales o punibles para tener repercusiones jurídicas, para nosotras claramente es un llamado a la violencia, un llamado con violencia sutil (...) pero finalmente es un mensaje poderoso que bajo ninguna circunstancia se debe desestimar”.

Un amplio sector de la comentocracia distingue entre escudar a Alemán y defender el derecho de ser políticamente incorrecto, punzante y provocador. En ese grupo de discusión nadie opinó que el periodista debía ser separado de su espacio cotidiano en Milenio Diario. Todo lo contrario.

“No debemos permitir el surgimiento de un clima de censura y despidos, especialmente cuando se trata de bromas de mal gusto”, sugirió la académica itamita. Lo cierto es que las redes sociales fueron las primeras en castigar a Ricardo Alemán. El mismo sábado, tras recibir cientos de reportes y realizar una indagatoria, Twitter suspendió 12 horas la cuenta @RicardoAlemanMx, por “comportamientos abusivos”. Para reactivarla, tuvo que borrar el mensaje que provocó la oleada de inconformidades.

EFECTOS SECUNDARIOS

IMPACTOS. La actual contienda electoral por la Presidencia también pasa por la disputa del rating, en la que por lo visto Televisa está sacando ventaja. De acuerdo a Nielsen Ibope México, el reestreno de Tercer Grado, con Andrés Manuel López Obrador, tuvo una audiencia de 1 millón 750,000 personas, con un share (televisores encendidos) de 16.9; mientras que la entrevista en TV Azteca con el mismo aspirante el pasado lunes alcanzó 850,000 televidentes, con un share de 7.6, es decir, la televisora de Chapultepec duplicó la cifra de televidentes. Y el Tercer Grado de antenoche, con José Antonio Meade, captó a 1 millón 400,000 televidentes, con un share de 13.7 puntos. Una férrea pelea por el rating y por la conversación en redes sociales al coincidir la transmisión del segundo programa de Tercer Grado y la entrevista que Javier Alatorre hizo a López Obrador en la televisora del Ajusco. En redes sociales, fue notoria la pelea entre simpatizantes de uno y otro candidato y, según mediciones de Sysomos, la conversación alrededor del hashtag #MeadeEnTercerGrado generó 76.76% del share of voice digital, mientras que el volumen de conversación sobre #AMLOenAzteca consiguió únicamente 23.24 por ciento. Mientras Tercer Grado generó 184,000 impactos en medios digitales, Hechos registró 55,000 impactos. Tan sólo en Twitter, #MeadeEnTercerGrado permaneció más de 12 horas como trending topic número uno en México, según Trendinalia; con un alcance de 65 millones de usuarios. Finalmente, la transmisión en Facebook de la entrevista con el candidato priista alcanzó más de 1.6 millones de reproducciones.

Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.