Es muy común que cuando las empresas inician, el empresario invite a las personas más cercanas a participar en la misma, ya sea como socios, colaboradores o empleados. Cuando el emprendimiento tiene éxito todas estas personas se sienten parte de éste, integrándose como parte de la “familia” cercana a las cabezas de ésta y buscan que esa cercanía sea correspondida.

En este sentido, los empresarios pueden responder buscando que haya una cierta convivencia a nivel personal, ya sea invitando a los colaboradores a eventos familiares, o bien haciendo eventos organizacionales con ambiente familiar, haciendo que todos incluyan a sus familias.

En todo este proceso, el empresario o las cabezas de la empresa buscan mantener algún límite entre la vida empresarial y personal. Justificado simplemente porque quieren que los asuntos personales sean diferenciados de la empresa y/o por cuestiones de seguridad no quieren que los colaboradores se enteren del estilo de vida que llevan. Estos argumentos son totalmente válidos.

Conforme las empresas crecen, y por una situación natural de crecimiento y complejidad del negocio, la relación entre los encargados de la administración, control de la empresa, los demás colaboradores y empleados se va distanciando.

Desde el punto de vista del colaborador o empleado, cuando inicia la aventura de negocios, sienten el mismo empuje y entusiasmo que los dueños y administradores por la búsqueda del éxito de la empresa. Sin embargo, conforme la empresa va creciendo y la distancia en la relación con las cabezas va aumentando, el empleado o colaborador, empieza a tener un sentimiento de haber sido dejado atrás, sobre todo si siente que su participación en el éxito del negocio no está siendo reconocido.

La reacción a la situación mencionada puede ser de muchas índoles.

Está aquel que, al sentir que ya no forma parte del grupo selecto, decide renunciar y buscar otro lugar en donde sí lo reconozcan. En este caso, la administración deberá determinar si el elemento es valioso como para retenerlo, o bien, simplemente es alguien que no cumplió con las expectativas suficientes y habrá que dejarlo ir.

También encontramos aquel que simplemente encuentra su área de confort en las tareas que le son asignadas y decide que está contento con su posición y por lo tanto se queda y cumple con el trabajo asignado sin mayor ambición al futuro. Este tipo de persona puede ser útil a la empresa, o puede convertirse en una limitante para otros colaboradores que quieran crecer.

Otro caso que puede existir es el colaborador que reacciona y se comunica con sus superiores para revisar que acciones o características le han faltado para cumplir con las expectativas y por lo tanto regresar a tener acceso al círculo de poder en la empresa. No siempre va a tener éxito, pero puede llegar a entender cuáles son las características que le faltan y por lo tanto analizar sus opciones y tomar una decisión de quedarse o irse de la empresa.

Por último, tenemos el caso más peligroso para la organización, en donde el individuo, al no sentirse adecuadamente reconocido, puede empezar a tomar malas decisiones, para él o para la empresa.

En este punto puede empezar a haber un abuso de confianza por parte de los colaboradores insatisfechos, que tiene varias posibles vertientes. Ente otras, está aquel que decide que, aprovechando su posición de conocimiento de los procesos de la empresa, vende por su cuenta productos o servicios compitiendo indebidamente con la empresa; también está aquel que quiere cobrar esa falta de reconocimiento solicitando a clientes o proveedores compensaciones, regalos o favores para agilizar algún trámite; y también tenemos aquel que toma la decisión de que la única forma de compensación es el fraude o robo.

[email protected]