Tengo que admitir que me parece, a pesar de su apariencia extraña y para algunos ridícula y hasta cizañosa (la revista Time tituló su nota El Nobel de la Paz siembra discordia – e hilaridad"), un gran acierto simbólico haber concedido el Nobel de la Paz a la Unión Europea. Y no solo me lo parece por abstracciones e ideas preconcebidas que pueda yo tener, sino por algunas experiencias y conversaciones recientes.

Todo comenzó con una nota de Concepción Moreno publicada en estas páginas electrónicas el pasado 21 de junio sobre los escritores europeos que vendrán a la Feria del Libro de Guadalajara. En ella, Stephan Vavrik, jefe adjunto de la Delegación de la UE en México, al ser interrogado sobre si los conflictos y crisis económicas no los hacían pensar que haberse integrado era un error, dijo: La Unión Europea es un proyecto cultural antes que un proyecto económico .

Cuando comenté esta declaración en la junta de editores de El Economista fue recibida con escepticismo y hasta con sorna (no tanto como discordia y risas, debo decir). Cómo se le ocurría al editor de la sección cultural (yo) querer darle más importancia a su tema que a la economía y la política.

Pero la explicación de Vavrik nos sonó bien a todos: La UE nació para que después de una historia de 3,000 años de guerras sin parar hubiera paz en Europa . Uno de los principios de la UE es la diversidad y con ella la esperanza , añadió.

Con esa idea girándome en la cabeza, unos días después fui a Alemania, y estando allá pregunté a algunos de los nuevos amigos que hice qué opinaban, ¿era la UE un proyecto más cultural que económico?

Sus respuestas fueron, tras unos momentos de reflexión afirmativas en todos los casos, y no solo eso, fueron también emotivas. Yo seré alemana, pero más bien me siento europea , me dijo Theresa Holz.

Friedrich von Maltzahn, un erudito en Historia, también estuvo de acuerdo y añadió, cuando le pregunté sobre el origen de los distintos nombres de su país (Alemania en español, Germany en inglés y Deutschland en alemán) que el aceptar ahora un solo nombre para todos es admitir que Alemania es una y ya, que no quiere más territorios por los que peleaba en el pasado .

El periodista polaco Rafal Motuk, cuyo abuelo, por la zona en que nació, sirvió alternativamente bajo los ejércitos polaco y alemán (y logró, insólitamente, no matar a nadie mientras fue soldado) estuvo de acuerdo: cree que los problemas de la Unión Europea se tratarán de resolver de otras maneras.

Claro que las preguntas se las hice a un grupo de personas educadas, pero tengo al menos un indicio de que no solo la gente como ellos tiene un ánimo pacífico y multicultural.

Estuve allá durante los últimos partidos de la Copa Europea de futbol, en particular, el día del juego en que Italia eliminó a Alemania.

Vimos el partido en un restaurante italiano (no fue premeditado, la reservación se había hecho con semanas de anticipación), mis amigos alemanes, con lágrimas en los ojos, lamentaban el mal resultado, pero más que éste se hubiera dado contra los italianos. Había añejas rivalidades, pero también algo más.

Alemania e Italia eran equipos antagónicos en más de un sentido. Unos, jóvenes y multiculturales (entre turcos y polacos, sobre todo); los otros, viejos e italianísimos (bueno, con la posible excepción del goleador del encuentro, Mario Balotelli de ascendencia ghanesa, su apellido original es Barwuah y se pudo hacer italiano hasta cumplir los 18, a pesar de haber nacido ahí).

Pero, los jugadores alemanes tenían un significado y despertaban un aprecio que iba mucho más allá de la cancha.

Los alemanes crecemos apenados y con complejo de culpa , me explicaron. Las nuevas generaciones siguen pagando con cargos de conciencia porque su región fue la cuna del nazismo. Pero en el pasado mundial de futbol, que fue en su país, de pronto estaba bien ondear nuestra bandera y ponerla en la ventana , de pronto estaba bien sentirse orgulloso de ser alemán . Y ese orgullo lo hizo posible su equipo de futbol y ellos, les gustara o no el futbol, les dieron a los jugadores a cambio todo su cariño.

Que perdieran contra Italia fue una tragedia nacional sin exageración.

Después del partido, algunos de los periodistas del grupo en el que estaba decidimos ir a bailar. Yo quería ir a algún lugar donde se tocaran salsa y merengue pero parecen que no abundan en Munich. Acabamos en un club de rock (entre pop y hard) lleno de jóvenes desconsolados y con playeras blancas del equipo alemán.

Hasta que me vi rodeado de ellos no me di cuenta de que, por pura casualidad, yo llevaba una playera azul a la que le faltaban muy pocos detalles para parecer la oficial del equipo italiano y, en medio de aquella rubia multitud y con mi bigote, destacaba como evidentemente latino.

Sí, los hinchas que dan miedo son los hooligans ingleses, pero no pude evitar sentir una cierta inquietud que muy pronto se disipó. No solo no me sentí agredido ni rechazado sino que hubo incluso dos o tres muchachos que, creo, me felicitaron por el triunfo de mi selección. Claro que es posible que entre mi lamentable Alemán y el impenetrable volumen de la música en realidad me hayan insultado un poco, pero los abrazos, apretones de manos y sonrisas parecían sinceros.

Ya. Es una prueba tonta, parcial y con una muestra insignificante. Lo sé. Faltaría ver qué opinan españoles, griegos e italianos. Y no podemos olvidar a los movimientos nacionalistas y separatistas que están surgiendo o fortaleciéndose en diversos lugares. Igual y tuve suerte de no encontrarme con unos skinheads de regreso del club al hotel (la posibilidad era remota dado que estaba en un barrio turco). Y estoy omitiendo el comentario de una de esas personas educadas que se mostró convencida de que un griego que se la pasa echándose siestas bajo un olivo no puede aspirar a tener el nivel de vida de un alemán que trabaja y ahorra disciplinadamente durante toda su vida (lo omito de mi argumentación porque creo que el rollazo que le eché a esta amiga sobre cuidarse de argumentar con estereotipos la dejó convencida).

Igual, con todas las salvedades del caso, darle el Nobel de la Paz a la Unión Europea me pareció un acierto mucho mayor de los que han tenido en otros años.