Es indispensable que exista una nueva regulación que permita la convivencia de estos aparatos en el espacio aéreo

La tecnología de aparatos voladores ha ido creciendo de manera acelerada, de forma que la normatividad que rige su operación pronto deja de ser útil y es momento de replantearla. Recordemos que durante el sexenio anterior, muy a las volandas, se redactó y publicó una circular y una norma con el fin de acotar los espacios de los drones de acuerdo con su tamaño y con la posible interferencia con los aviones en áreas de aproximación y despegue de los aeropuertos.

Lo cierto es que la investigación y fabricación de estos aparatos va tan rápido que dicha normatividad ha quedado más que superada. Y antes de que nos demos cuenta estarán aquí también los vehículos de transporte de pasajeros no tripulados y lo que siga en el mundo de la tecnología.

Esperemos que las aeronaves comerciales tarden mucho tiempo en intentar ingresar a este mundo, porque, desde el punto de vista del pasajero, la falta de pilotos será un motivo de angustias para quienes hemos vivido en la aviación del primer siglo.

Pero los usos de los drones se multiplican. Los hay de transporte de mercancías, de fotografía y grabación de eventos o de noticias, de vigilancia, de intercepción, de entretenimiento, de búsqueda y salvamento, y de recopilación de datos. Los hay para todos los propósitos y de todos los tamaños y alcances.

Hay drones, incluso, que son del dark side, o sea, de espionaje, de atentados, de incursiones ilícitas y demás. Por eso es que las regulaciones que los rigen deben ser lo más moderno y tecnológicamente avanzado. Antes de que suceda alguna tragedia y, desde luego, antes de que la normatividad creada en el exterior se nos imponga por la simple inercia de lo ya conocido y aceptado a nivel mundial.

Según los datos que nos proporciona nuestro colega especialista Luis Salazar, en el 2022 habrá en Estados Unidos 5.7 millones de drones comerciales (es decir, de tamaño suficiente para convertirse en un posible peligro en el cielo). El año pasado ya había 1.8 millones de drones registrados en EU, y en México la cifra es desconocida.

Sin embargo, la oportunidad que se le abre a nuestro país no es sólo operativa (que es, de por sí, interesante), sino fundamentalmente de diseño y manufactura de estos aparatos cuya venta a nivel mundial se multiplicará hasta por 10 en los siguientes 20 años en razón de sus diversos usos.

México ha hecho una carrera importante ya en la proveeduría de industria aeronáutica para las firmas más destacadas en el sector aeroespacial, pero hay ya pocos resquicios en lo que es la industria desarrollada en países tradicionalmente inmersos en el sector. En cambio, la industria del dron es naciente y requiere de campos de experimentación que nuestro país puede ofertar.

Al parecer esta idea ya ha permeado a niveles altos en la administración pública y es posible que se dé a conocer en el corto plazo. Sin duda que será una excelente oportunidad de desarrollar nuestra industria y de destacar en un rubro que tiene posibilidades reales de convertirse en un excelente negocio a nivel global.

Pero también es indispensable que exista una regulación que permita la convivencia de estos aparatos en el espacio aéreo, que apoye la capacitación de nuevos pilotos de drones y que permita a las industrias que los utilizan crecer más y mejor en el futuro cercano.

Habría que iniciar por lo más simple: un registro correcto y exhaustivo de los drones que hoy circulan en territorio nacional y sus usos concretos para evitar el uso ilegal de estos instrumentos. La seguridad nacional lo requiere y la coordinación entre las diversas instancias de gobierno lo hacen urgente.

Lo oí en 1223.45: Hay signos de que se están encontrando posibles soluciones al tema de Mexicana, en paro desde hace casi nueve años. Ojalá.