El primero tiene que ver con la tensión comercial que sí le pega a los mercados. La idea de recuperar riqueza reduciendo el libre comercio que intenta aplicar el gobierno de los Estados Unidos, a pesar de que hasta el momento es más retórica que efectiva, sí pone nerviosos a los inversionistas y afecta el desempeño de los mercados

El escalamiento de la postura norteamericana y la adherencia de otros bloques como Japón o la Comunidad Europea contra las prácticas de comercio en China no será ni pasajera ni cordial.

El tema del incremento de tarifas arancelarias, que el presidente Trump amenaza con que se aplique a la totalidad de los productos chinos que se exportan a Estados Unidos, seguirá en aumento. Las tarifas ya impuestas suman la mitad de dicho total.

Si usted piensa en las estructuras de consumo como las más afectadas y las que podrían generar una nueva corrección en la dinámica económica apunta en sentido equivocado. La gran amenaza de esta práctica y el costo de “contener a China” o de “hacer a América grande de nuevo” es sobre las cadenas de producción manufacturera que se crearon en las últimas décadas al amparo del consenso relacionado con el libre comercio.

La postura proteccionista no piensa en la estabilidad de precios, sino en que Apple, las armadoras de coches y otras marcas trasladen de nuevo a Estados Unidos, o aumenten la participación norteamericana en esa cadena de producción. Se trata de una alteración seria que impactaría a muchos sectores y empresas.

El comportamiento de los mercados de valores refleja la incertidumbre que hay detrás del tema ya que, en este año, a pesar del enorme crecimiento en las utilidades, muchas empresas en muchos sectores no muestran avances significativos en el precio de sus acciones; ya ni hablemos de los índices bursátiles de Europa, Japón o muchos mercados emergentes. Sí, el tema llegó para quedarse como factor de temor entre los inversionistas y de colaborador para rendimientos menos favorables.

El segundo tema tiene que ver con la inflación en la cancha del gobierno.

En muchas colaboraciones anteriores he mencionado que el gobierno ha sido en la mayoría de los casos el principal factor inflacionario en México. Los ajustes que con cierta recurrencia se han hecho a precios públicos, desde la energía hasta los de muchos bienes administrados, han generado los mayores movimientos de alza de la inflación en lo que va de este siglo.

La inflación de los últimos 12 meses hasta el cierre de agosto ha subido a un nivel de 4.90 por ciento. Muy por encima de lo que se estimaba. Al parecer, el culpable es uno solo: el precio de la energía. En esos 12 meses, desde agosto del año pasado, el precio de la gasolina ha subido casi 19%; es decir, más de lo que subió en el famoso gasolinazo de enero del 2017.

Este comportamiento ha tenido lugar a pesar de que el gobierno ha mantenido una actitud de contención al reducir fuertemente el monto del Impuesto Especial sobre Productos y Servicios (IEPS) que tenía programado cobrar; es decir, debido a que el gobierno no ha cargado la totalidad del IEPS que podría sobre el precio de las gasolinas, éste no ha subido más.

Los mercados se ponen nerviosos porque perciben que el Banco de México puede retomar el alza de la tasa de referencia con intención de contener a la inflación. Sin embargo, hay dos asuntos interesantes detrás: uno, que Banxico tiene razón en argüir que en el rubro de precios más ligados al comportamiento de la economía (la llamada inflación subyacente) el comportamiento ha sido a la baja, más en concordancia con la desaceleración de la economía que hemos visto recientemente. Dos, que el gobierno entrante ha declarado que la gasolina ya no ajustará su precio.

Puede ser, es una hipótesis, que en enero próximo tengamos una inflación descendente simplemente porque la gasolina ya no sube lo que ha subido en meses recientes. Esa posibilidad le da espacio a Banxico para no ir corriendo a subir las tasas. Pero sabemos el costo de intentar fijar el precio sobre las finanzas públicas.

Hay gran incertidumbre porque la tendencia en el corto plazo de la inflación puede cambiar drásticamente... o no. Saber que está en manos de lo que hasta ahora ha mencionado el gobierno de transición genera incertidumbre; el futuro jefe de la Oficina del presidente sugirió un cambio de postura por no intervenir el precio de la gasolina. La incertidumbre exige un premio. No estamos seguros de si subirán más las tasas, pero no hay argumentos para esperar una baja al menos hasta ver qué pasó una vez que las nuevas autoridades estén en funciones.

*Rodolfo Campuzano Meza es director de Estrategia y Gestión de Portafolios de INVEX. Cualquier pregunta o comentario puede ser enviado al correo:

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